El Brexit y el trilero Johnson

La pandemia señorea también los medios de información de Gran Bretaña un país que como nosotros ha hecho una mediocre gestión del peligro que representa. Esa es la principal razón por la que el nivel de popularidad del primer ministro Johnson se ha desplomado nada menos que 25 puntos en los últimos ocho meses.

Sacar pecho nacionalista en esas circunstancias parece una buena cortina de humo para tapar indecisiones, medidas erróneas y dilaciones. Por ello, en las últimas dos semanas, los medios oficiales británicos parecen estar detrás de una campaña para presentar a Bruselas y a la Unión Europea cómo intransigentes a la hora de implementar el acuerdo de salida de Gran Bretaña del club comunitario. La última y ruidosa espantada la ha dado el ministro británico para Irlanda del norte que ha manifestado que en la implementación del acuerdo de salida el gobierno de Londres va a estar obligado a “violar la ley internacional de un modo limitado y específico “. La admisión, blasfema en otras épocas, ha suscitado una catarata de comentarios adversos incluidos los de miembros destacados del partido del gobierno. ( En Gran Bretaña, la existencia de miembros díscolos dentro de un partido como ocurrió aquí con Cayetana no llevan aparejado mandar al ostracismo al disidente). La anterior primera ministra, Theresa May así como otros integrantes del partido como el conocido ministro Philip Hammond declaran que el Gobierno arruina el prestigio del país y que el estado de derecho y los compromisos internacionales deben ser respetados.

Lo llamativo es que Johnson pretende retocar en una nueva negociación o unilateralmente aspectos del tratado que el mismo firmó en Enero, la pesca, el nebuloso estatus comercial de Irlanda del norte, la solución de las disputas, las posibles subvenciones oficiales a empresas, etc.. Bruselas no parece estar por la labor como ha advertido sin tapujos la propia presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen mientras Londres, aficionado a las tácticas divisorias, convoca una reunión del los cinco grandes de la Unión para abordar varios de esos aspectos.

El fanfarrón Johnson, como se le conoce en Bruselas, no escatima las bravatas. Afirma que si antes del día 15 de octubre no hay un acuerdo sobre su reivindicación el 31 de diciembre Gran Bretaña haya mutis de Europa sin ningún tratado. Tanto el como otros encendidos partidarios del Brexit siguen mintiendo, recuerdan a algunos separatistas iluminados catalanes ; Europa, afirman, tiene tanto que perder como los británicos con la ruptura. Hipocresía de quien no quiere hacer las cuentas: la Unión Europea sólo coloca en Gran Bretaña el 8% de sus exportaciones. Los británicos mandan a nuestra Unión el 47% de las suyas. Lo que puede que resbale a más de un brexiter contumaz.