La diplomacia y la vacuna contra el virus

En los momentos álgidos de la guerra fría la diplomacia de las dos grandes potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, se servía a menudo de la cooperación, es decir, si hablamos sin rodeos, de la ayuda económica para perseguir sus fines y ganar aliados. Así Moscú apoyó sustancialmente a Cuba y otros países mientras Estados Unidos lo hacía con Israel, la India y un buen puñado del tercer mundo.
En estas fechas atormentadas en que vivimos a causa de la pandemia la vacuna se ha convertido en un instrumento potencial de la diplomacia. Y ahí entra en escena el nuevo gigante político, China. El gobierno de Pekín tiene serios problemas en Hong Kong, hay abundantes nubarrones en sus delicadas relaciones con la India por el tema fronterizo en el que China agita recientemente las aguas, sufre algún tropiezo en el frente de Taiwan, la reivindicada isla de 23 millones de habitantes ha sacado pecho con su encomiable manejo de la lucha contra la pandemia y estos días recibe la visita de Milos Vystrcil, presidente del senado checo en un desplazamiento que ha despertado la irritación de las autoridades chinas, “una provocación” ha manifestado el ministro de exteriores Wang Yi. Sin embargo, hay un campo capital del que China puede obtener jugosos réditos internacionales, la vacuna.

Unos 125 países del mundo participan en la carrera para conseguirla. Muchos de ellos son comparsas evidentemente. La probabilidad de que consigan algo sustancial es reducida. A la cabeza del pelotón marchan los dos países anglosajones y China. El anuncio de una vacuna rusa por Putin no es tomado en serio por una buena parte de la comunidad científica y se considera una maniobra propagandística. A China se la respeta más . Estados Unidos lanzó el proyecto “Warp Speed” con el que alienta la investigación de varias entidades de prestigio, entre ellas la de la universidad de Oxford que fabricaría una empresa estadounidense.

Brota, con todo, la inquietud sobre el posible adelanto de China. Las posibilidades diplomáticas que le ofrecería el haber desarrollado la primera vacuna eficaz serían enormes. China podría facilitarla a bajo precio a países con los que tiene delicados contenciosos territoriales, Filipinas, Indonesia, convertiría a India en menos susceptible en la cuestión fronteriza, aparecería en numerosos países iberoamericanos o africanos, en donde empieza a ser resentida, como un hada bienhechora que salva miles de vidas locales, le facilitaría en Europa la introducción de la tecnología 5G y dejaría, al menos temporalmente, en ridículo al gran rival, Estados Unidos.

Las implicaciones geopolíticas son, pues, fenomenales. En estas fechas, además, una pesadilla para Trump. Si uno de los esfuerzos estadounidenses cuaja venturosamente antes de la próxima elección el Presidente obtendría un bono electoral. Si China sorprendiera anticipadamente al mundo en estas semanas la bofetada al inquilino de La Casa Blanca sería sonora.