La flor de Zidane

Uno tiene que ser un madridista muy obcecado para no darse cuenta de que Zidane, a pesar de sus virtudes, está además tocado por la varita mágica de la suerte. Su equipo ha ganado los siete encuentros postcoronavirus pero no hay ni uno solo de ellos en que los aficionados hayan estado verdaderamente satisfechos. Son muchas victorias por la mínima, muchas angustias, demasiado suspense incluso con equipos claramente inferiores, demasiados goles logrados por defensas y demasiados penalties.

Decretar la pena máxima en los partidos que ha jugado el Madrid no parece injusto. Las faltas punibles existieron-comparar la señalada a favor del Madrid en San Mamés con el pisotón de Ramos al delantero bilbaíno es no entender de fútbol o ser demasiado antimadridista, flor muy corriente en nuestro país-,los colegiados con la colaboración del Var no se inventan una triquiñuela para favorecer arteramente a los blancos, pero el hecho es que el Madrid gana sistemáticamente de forma muy raspada, que termina el encuentro pidiendo la hora y, lo más importante, este equipo del Real Madrid no tiene gol. Es inútil pensar que es una dolencia pasajera, no tiene gol. Y hay que aceptarlo con pesar. Con cualquiera de los goleadores de otras épocas, no ya Ronaldo, sino Hugo, Van Nistelroy, Raúl…, el Club, con el bajón del Barcelona, hace jornadas que sería campeón.

La proliferación de los penalties ha traído las esperadas lamentaciones del Barcelona. No sólo del provocador de cabecera, el inteligente Piqué, sino del propio presidente Bartomeu: “El Var no es equitativo”( en realidad, digo yo, no tiene por que serlo, basta con que sea justo) y las decisiones “siempre favorecen al mismo”. La cantinela es conocida y es una fantástica cortina de humo para el club catalán que atraviesa un delicado momento. Está el Barsagate, está la actitud de los jugadores descontentos con Bartomeu y está el deseo de sentirse agraviados ante su afición en fechas en que la Liga empieza a tener color blanco. Hasta el rabo todo es toro pero parece difícil, aunque no imposible, que los del Bernabéu pinchen en dos partidos.

La conspiración blanca está en marcha. Ya se sabe, desde la época de Bernabéu, sostiene la leyenda con la que comulgan muchos aficionados barcelonistas, “lo que el Madrid no consigue en el césped lo gana en los despachos”. Las autoridades de la casposa capital de España estarían de nuevo favoreciendo al Real en detrimento del club catalán. Rizando el rizo dentro de la conspiración, alguien apunta ya que como Sánchez se sentará en los próximos días con los separatistas catalanes para no se sabe que oprobioso contubernio, el Presidente del gobierno va a contentar a los numerosos seguidores madridistas, más españolistas o constitucionalistas, ayudando a los de Zidane a ganar la Liga. La idea es claramente demencial , pero por poco que la insinúe el bueno de Piqué, será creída por millares de personas del lado norte del Ebro.