El genocidio de Ruanda y los países civilizados

Los medios de información franceses hablan estos días, haciendo un hueco en las noticias sobre la pandemia, del genocida ruandés Felician Kabuga que por fin va a comparecer ante un tribunal un cuarto de siglo después de la atrocidad ocurrida en Ruanda hace un cuarto de siglo.

El mundo ha cerrado, con frecuencia, los ojos a masacres pero la de Ruanda de la primavera de 1994 es especialmente espantosa y abyecta. Una etnia del país mató fundamentalmente a machetazos o con porras claveteadas a más de 800.000 personas en unos tres meses. Es decir unos 9.000 seres humanos al día. Los hechos se desencadenaron cuando el presidente del país, un político de la etnia hutu murió en un atentado contra el avión en el que viajaba. No hubo tiempo de investigar la paternidad, podía ser alguien de la etnia tutsi, o bien algún elemento díscolo de la hutu que quería tener un pretexto para lo que siguió.

Lo que siguió fue la matanza mencionada. Grupos de hutus apostados en los cruces de las calles paraban a cualquier tutsi, hombre, mujer o niño y lo descuartizaban. La radio de las Mil colinas lanzaba soflamas alentando a los asesinos.

Feliciano Kabuga había comprado 50 toneladas de machetes y venia financiando a los milicianos asesinos. Francia jugó un papel ambiguo. Su embajada albergo a la familia de Kaluga en aquellas fechas y la evacuó por si los tutsis reaccionaban. El financiero permaneció en el país y luego huiría a Kenya, a Suiza y a Francia donde ha sido detenido al cabo de veinte años. Ha utilizado 25 identidades ficticias. Alguien culpa al gobierno de Mitterand de proteger a la etnia hutu en aras de la francofonía. Cuando el humanitario Koutchner le contó al presidente galo lo que estaba ocurriendo, Mitterand, aquel gran cínico, le contestó: “Exagera, Koutchner, exagera”. El trágico episodio está narrado en la película “Hotel Ruanda”.

El Consejo de Seguridad de la ONU, en el que estaba España, y que conocía parcialmente o completamente el asunto permaneció inactivo. En Estados Unidos se ha comentado posteriormente que cómo es posible que el humanitario Clinton no actuara con el peso que tiene Washington. ¿ Estaba escaldado de la intervención en Somalia, colegía que alguien, Francia… se opondría en el Consejo de Seguridad? Años mas tarde, indagué las razones de una colaboradora de Clinton. Me respondió escuetamente : “Me rompe los esquemas”. No encontraba explicación.