El homicidio de George Floyd y la elección americana

Mucho se ha escrito sobre las movilizaciones que se han sucedido en varios centenares de ciudades de Estados Unidos y en otras no pocas del mundo por la penosa muerte de George Floyd. En España ha habido, para un observador foráneo,  algunas envueltas en el sarcasmo : los herederos de los asesinos de Eta, repito asesinos, no homicidas,  protestando por el homicidio de un negro estadounidense.

El tema tiene considerable recorrido. Hay purgas en más de un departamento policial de Estados Unidos,  alguna dimisión y en varios países cierto replanteamiento de cómo la policía debe detener a un sospechoso que se presume violento. Con polémica. En Francia los responsables de Interior ordenaron que se dejara de practicar la detención agarrando por el cuello de una determinada forma al presunto infractor y a las 24 horas han debido recular porque la instrucción soliviantaba e indignaba  a los policías por quedar más inermes ante el potencial detenido.

Hay un replanteamiento del tema racial en Estados Unidos, hasta en Hollywood los artistas de esa raza han hecho incontables declaraciones que apuntan normalmente a que en aquel país los negros tiene muchos mas problemas para ascender en la escala social y son objeto más frecuente  de la brutalidad policial cuando se produce.

En menor medida comienzan a brotar las voces que indican con estadísticas que la mayor parte de los asesinatos o acciones violentas contra negros son obra de personas del mismo color y que la policía también ha disparado y matado  a un buen número de blancos que huían, hacían movimientos sospechosos o resistían la detención. El dato puede ser cierto pero poco iluminador si no se añade que los negros son sólo el 14% de la población del país, ya hace más de una década que fueron superados por los hispanos. Los que subrayan lo complicado que es ser agente del orden en Estados Unidos comentan, sin embargo, que  la  increíble abundancia de armas entre los ciudadanos de aquel país convierte su tarea en más peliaguda por presumir los agentes que el interpelado puede llevar una pistola. Algo que, en principio, es impensable en España y Gran Bretaña. No son pocos los artículos que indican que el eslogan ¨"policías racistas matan a negros desarmados" es una simpleza demagógica. Según los que denuncian esta consigna una parte importante del problema es que hay bastantes más negros que blancos que ofrecen resistencia a la detención.

Entra, entonces, en escena la influencia del funesto incidente en la elección presidencial. Trump se ha dejado algún punto en las encuestas no se sabe si por alguna frase estúpida pronunciada a raíz del homicidio o por su vacilante manejo del coronavirus. No es un bajón enorme por el momento. El rebrote del virus en China le da un poco de oxígeno. Biden va hoy delante pero, estando todo el mundo escaldado con la pifia generalizada de las encuestas hace cuatro años, nadie es muy categórico. Se hace un paralelismo con Nixon en 1968,  era un político aficionado a las triquiñuelas y que dimitiría para no ser inhabilitado. Se enfrentaba al demócrata Humphrey, un hombre honesto y bien preparado.  Hubo una oleada de disturbios, saqueos, incendios en varias ciudades. Nixon se presentó como el Presidente de la ley y el orden, como recuerda el muy veterano periodista Dan Rather que cubrió siendo un pipiolo los disturbios en Chicago.  El votante americano se asustó. Ganó Nixon. No en vano, Trump proclama ahora que el es el "Presidente de la Ley y el orden".