¿Matará el virus a Trump?

La omnipresente pandemia nos ha hecho olvidar que faltan menos de seis meses para las elecciones de Estados Unidos. Antes de la llegada de la epidemia, que comienza a hacer estragos en Estados Unidos-hay proyecciones que indican que en junio puede haber más de 1600 muertes al día- las perspectivas de Trump para el mes de noviembre eran bastante halagüeñas. Había derrotado el intento de inhabilitarlo y la economía marchaba boyante con un 3’4 por cien de desempleados, dato que causaba la envidia de los países desarrollados.

El virus ha alterado el panorama. A semejanza de Johnson y Sánchez el americano fue lento en reaccionar en los primeros momentos. Sus enemigos, como en España los críticos de nuestro Gobierno, repiten que si hubiera actuado con decisión y claridad de ideas al principio habría muchos menos miles de muertos. Sus compatriotas no apuntan, como algún comentarista hispano, a que Trump debería ser llevado a los tribunales y condenado a cadena perpetua, ¿y por qué, digo yo, no proponer esa machada disparatada para la primer ministro de Bélgica o nuestro Sánchez?, pero encuesta tras encuesta indican que los votantes ven más madera de liderazgo en los gobernadores de su estado que en el presidente. Mal signo.

En los últimos días Trump parece haber llegado al convencimiento de que la elección volverá a jugarse en el terreno económico. La cadena Fox, que lo apoya con mucha frecuencia, da a entender que hay muchos estadounidenses que están dispuestos a aguantar otros pocos miles de muertes con tal de que no se hunda la economía de forma radical. La emisora, líder en audiencia, cuestiona el confinamiento destacando que el remedio adoptado hasta ahora puede ser peor que la enfermedad ya que el número de desempleados se ha incrementado en las recientes semanas en 30 millones. Y crece. Un fustigador de Trump denuncia que se va a optar por el Dow Jones (la bolsa) en detrimento de las vidas humanas. La frase es dolorosamente impactante. Con todo, tiene algo de real, más de un ciudadano piensa que el mantenimiento de una economía pujante equivale a aceptar que el virus destruya un número de vidas.
Este sentimiento no es del todo compartido por los votantes de edad provecta que son un buen vivero de votos del presidente. Optarían por la vida hoy aunque habría que ver si seguirían pensando igual si la economía entra en una sima como en 1929. La pregunta (¿cuántos muertos está usted dispuesto a tragar antes de que haya 40 o 50 por cien de paro?) podría ser formulada en bastantes países del mundo con la ayuda de un detector de mentiras para evitar respuestas piadosas.

En el campo demócrata tenemos a Biden, un decente candidato que en Europa sería presumiblemente preferido al bocazas de Trump. Tiene, sin embargo, algún problema en momentos en que las encuestas le son levemente favorables. El primero es que ahora está en el aire la celebración en Agosto de la convención demócrata en Milwaukee. Causará peleas internas. El segundo, olvidado el incidente ucraniano de su hijo, es la acusación de acoso sexual que ha lanzado una antigua colaboradora Tara Reade contra el candidato. Su verosimilitud está en el aire pero no dejará de ser explotada por el campo republicano. Por último y más importante, Biden, que haría un buen Presidente, parece un mediocre candidato para el pugilato electoral. Debate sin garra ni brillantez, Trump resultará más contundente y agresivo, el demócrata está por ahora a la defensiva, el Presidente ha estado constantemente en la pantalla aumentando su visibilidad, y no domina las redes sociales algo que entusiasma a Trump y que contribuyó a auparle a la presidencia. El presidente tiene 15 veces más seguidores que su rival.

Trump es quizás el único presidente que no ha tenido en su mandato más del 50 por cien de apoyo a su gestión, actualmente se mueve en el 43 o 44. Tampoco lo tenía cuando, contra todo pronóstico, ganó hace tres años y medio.

Yo no apostaría nada al día de hoy. La profundidad de la mordida del virus será decisiva.