¿Contubernio de China con la OMS?

Cuando la acusación era solo de Trump el asunto no revestía demasiada importancia y ofrecía una mediocre credibilidad. Cargar las tintas sobre la rumoreada culpabilidad de China en el estallido de la epidemia, aunque sólo fuera por demorar el dar parte del brote, era rentable para el Presidente estadounidense. Blanqueaba su indecisión y lentitud en tomar decisiones en unas fechas vitales y al mismo tiempo socavaba el prestigio del que ahora es su mayor rival en la escena internacional, China.

Como tantas cosas del errático Trump las acusaciones eran intermitentes. Un día lo daba a entender en sus ególatras ruedas de prensa y en otras esquivaba el tema. Su Vicepresidente, sin embargo, no lo dejaba y utilizaba un tono condenatorio más elevado que el de su jefe.

Después vinieron manifestaciones en el mismo sentido de los dirigentes de Francia y Gran Bretaña. Ambos tenían asimismo, sobre todo Johnson, que blanquear su gestión. Pero bastó para darle aire a la sospecha de que China había sido aviesa o como mínimo chapucera en el arranque de una pandemia que ya ha costado más de 150.000 muertes. Otros políticos europeos, que no tenían necesidad de blanqueo, profirieron comentarios parecidos.

Ahora en Estados Unidos, la acusación es recurrente. Los titulares se multiplican: “persecución religiosa en China aprovechando la pandemia”, “China merece una seria penalización económica“, “hacia una guerra fría entre China y Estados Unidos“ y hasta el New York Times, al que no se puede acusar precisamente de simpatizar con Trump, publicaba ayer un artículo en el que indica que las autoridades de Pekín tienen un sueño post-pandemia que es dar un nuevo hachazo a la democracia en Hong-Kong. Habría habido una quincena de reciente detenciones de líderes demócratas y se da a entender que la cúpula China quiere eliminar los compromisos contraídos con Gran Bretaña cuando recuperó el territorio. Querría recortar los derechos que tienen los habitantes de Hong- Kong hasta 2047.

Un largo artículo en Le Monde, que tampoco es un periódico en convivencia con Trump, profundiza en la duda. Indica que la OMS se ha politizado y que ha sido demasiado complaciente con China. Su Presidente, un etíope comunista, que fue elegido democráticamente por los 194 miembros de la organización, podría haber sido, se infiere, demasiado benévolo con la actitud china.

No olvidemos que según el reformado reglamento de la OMS los estados están obligados a avisar urgentemente a la organización del surgimiento de cualquier enfermedad con efectos letales.
Estados Unidos, en una de las espantadas de Trump ha cortado su aportación de 553 millones la OMS. China que contribuye con un tercio de esa cantidad anuncia que hará una contribución extraordinaria de 50 millones para paladar los efectos del coronavirus. Prodiga sus regalos en material sanitario en estas fechas con el objetivo asimismo de recuperar su imagen de país responsable y solidario. La veda, sin embargo, está abierta porque al parecer hay tema con la lentitud inicial China. Hay países interesados en que se propaguen las dudas. No solo Estados Unidos.

Mientras tanto la isla desgajada, Taiwán, paria de la comunidad internacional, se apunta tantos. Ha luchado ejemplarmente contra la pandemia, su cifras no están como las de otros, nosotros mismos, trucadas y fue quizás la primera en denunciar lo que estaba ocurriendo en su antigua madre patria.