El general, el emigrante y la ley del embudo

El general Santiago, un militar de impecable trayectoria en ese cuerpo abnegado y competente que es nuestra Guardia Civil, tuvo una frase claramente desafortunada al dar a entender que uno de sus cometidos era algo así como minimizar el clima contrario a la gestión de la crisis por parte del Gobierno. La afirmación le perseguirá toda su vida porque, aún sin la crispación existente en nuestro país por la polarización y la incompetencia del equipo de Sánchez, da amplio margen a la deducción de que la Benemérita, institución estaba volcada tanto en proteger a las personas como en pulir la imagen del Gobierno. Algo que sería escandaloso y torticero.

Como el general Santiago parece persona por encima de toda sospecha de partidismo no se acaba de entender como en el texto que leía se deslizó esa afirmación. ¿Quién le preparó su intervención con esa monstruosa declaración y todo ello después la pregunta no menos falaz de la encuesta inefable de Tezanos?

Menos comprensible aún es, que ocurrida la pifia, el general no tuviera oportunidad de defenderse ante la prensa al día siguiente. Moncloa impide que se le pregunte NADA, cosa que el denostado y autoritario Trump no se permite en sus comparecencias, ignora a algún corresponsal pero no censura todo un tema. El ministro Marlasca, otro político desmitificado en esta crisis, no defiende a su general de la forma adecuada y este es silenciado? ¿Se temía que insinuara de alguna forma que el repetía una bochornosa directiva que venía de arriba? Queda la duda.

Pero de lo que hay duda es de que el general Santiago ha tenido enorme suerte con que su desliz, su pifia, su metedura de pata haya tenido lugar con un gobierno del PSOE y Podemos. Han sido afortunados él y su institución. Si esto ocurre en el reinado de Aznar, de Rajoy o de Calvo Sotelo, los alaridos, no las simples quejas, de la izquierda subirían al cielo. La frase pronunciada mostraría el contubernio de la derecha hipócrita con los militares fascistoides, probaría que el franquismo, como venden el extranjero los separatistas catalanes, estaba latente en España, había que cesar esa noche al general, Podemos haría una frasecita lapidaria sobre la fallida transición de la Constitución del 78 y más de uno rememoraría a García Lorca en tono apocalíptico. La ley del embudo, pues, de la que tenemos otro ejemplo con la última decisión del omnipresente Trump.

El Presidente estadounidense ha decidido, a causa de la epidemia y viendo posiblemente que en el Méjico vecino su Presidente sigue minimizando festivamente el peligro, prohibir la entrada de emigrantes. Medida que tiene una lógica en momentos en que Estados Unidos implanta, con variaciones geográficas y vacilaciones, medidas severas para atajar el virus. No quiere que lleguen extranjeros especialmente de países que no se han tomado en serio el tema o no tienen capacidad para hacerlo. Sin embargo, como de costumbre ¿no le han faltado las críticas por la cruel?, inhumana?, decisión. Que viene no solo de países que comprensiblemente acostumbran a enviar emigrantes a Estados Unidos y algunos de cuyos medios de información creen tener un derecho divino a que sus emigrantes entren allí, sino de otros, europeos o no, que han tomado la misma drástica decisión, la de no permitir llegadas de extranjeros por el momento. Trump es un desaprensivo deshumanizado, ellos son ejemplares: están impidiendo el rebrote de la pandemia en sus territorios.
Más embudo.