Mi reino por un caballo

No sabemos si es cierto que Ricardo III exclamó “mi reino por un caballo” al término del descalabro de la batalla de Bosworth, o si el genial Shakespeare inventó la que ahora es una famosa cita literaria. De lo que sí estamos seguros es que nuestros políticos, y algunos de otros pagos, estarían dispuestos a entregar su caballo o su coche para lograr un titular suculento y citable.

Si el político es joven y de izquierdas la tentación se acrecienta y se está dispuesto a ofrecer lo que sea, el sentido común más elemental, la coherencia… para hacer una frasecita. Tomemos Pablo Iglesias cuyo ego corre parejo con su inteligencia y a veces la rebasa. En el apogeo de la pandemia nos enteramos de que los Ministros del Gobierno han despachado en una u otra ocasión con el rey Felipe ¿Todos? No. Ninguno de los miembros del gabinete del partido de Podemos lo ha hecho. Ellos son muy republicanos y no se dignan acudir a Palacio. Y entonces viene la frase de Iglesias en el día de la República dando a entender que esta situación sanitaria y de seguridad hay que salvarla “con valores republicanos”. No se acaba de entender qué tienen que ver las peras con las manzanas ¿No acaba Podemos de asumir que el Rey es el legítimo Jefe del Estado que, además, no tiene mucho que ver con la gestión de la crisis? ¿ Acaso los países monárquicos están siendo una catástrofe en el manejo de la misma y los republicanos unos maestros? Ciertamente, no, hay países monárquicos que la están bandeando muy bien, Dinamarca, Suecia, Noruega, otros como España bastante regular y soy piadoso (continuamos registrando el mayor número de muertos del mundo en relación a la población) y vemos países republicanos con muy buena nota, Portugal y Grecia y otros con nota mediocre o mala entre los que están Estados Unidos.

En su afán de distinguir buenos y malos el líder de Podemos tuvo otra frase memorable cuando comentó algo así como que el virus no respeta territorios pero si clases sociales. Es decir que iba a hacer estragos con los pobres y azotaría muchísimo menos a los pudientes. Otra simpleza, que se lo expliquen al Marqués de Griñón, a Lucia Bosé, a diversos empresarios conocidos de postín (Paco el pocero y otros), a Enrique Múgica, a Lorenzo Sanz, lamentablemente fallecidos, y en menor medida, dado que lo vienen superando, a la familia real saudí, a Boris Johnson, al príncipe Carlos, a Carmen Calvo, a Tom Hanks, a la esposa del premier canadiense, a Alberto de Mónaco, a Begoña, actual inquilina de la Moncloa, a Santiago Abascal, a Esperanza Aguirre, a la Presidenta de Madrid e incluso a la propia Irene Montero, ninguno de ellos o ellas reside en el Pozo del tío Raimundo ni en las zonas más modestas de Vallecas.

Ni siquiera la señora Montero que hace años, como su pareja, que tiene un sueldo más que digno, no entremos en cifras, y que dejó de ser proletaria si es que alguna vez lo fue. Lo de que ella fue trabajadora no es definitorio. Muchísimos lo hemos sido. Que me lo digan a mí que cuando Subsecretario de Exteriores, en jornadas en que trabajaba doce horas y comía un apresurado bocadillo en un bar cercano debía recibir a los representantes sindicales, y oía frases condescendientes de un “ liberado” que, según los del grupo contrario, trabajaba, cuando lo hacía, un máximo de tres horas diarias ¿Era él un trabajador esforzado y yo un empresario burgués, indolente y abusivo? Ja, ja, ja.

Pero estaba con la ministra Montero. El otro día, felizmente restablecida, de lo que me alegro sinceramente, rompió plaza en su reaparición con una frase también esculpible: hay que acabar con la crisis con una “salida anti fascista” o algo así. Lo que decía al principio, joven y de izquierdas. Eso que quiere decir que ¿hay que aprovechar la crisis para ciscarse en el Monarca, volver la Constitución del revés, controlar la televisión y aprobar leyes partidistas aprovechando que se tiene el poder y las Cortes están dormitando?

Hay más y mejores de los podemitas y de otros. (Continuará)

  1. antonio says:

    Es la pescadilla que se muerde la cola. Los ciudadanos (es un decir) votan a los políticos que dicen lo que aquellos desean oír. Y los políticos, pues de ello viven, dicen los que los ciudadanos (es un decir) desea que les digan. El bolero aquel de «Miénteme». En el gran problema sin solución de la democracia: la demagogia. Y, efectivamente, como ser individual, cada persona podría comportarse como un ser adulto (que no siempre hay garantías) pero, al constituirse en masa (de votantes en este caso) el infantilismo es la característica dominante. Se elige a gentes, válida o no, para que nos resuelvan problemas, no para que nos creen oportunidades. Y así vamos. Gustave LeBon debería ser lectura obligada en las escuelas y como libro de cabecera cuando adultos.