Buenos y malos en el coronavirus

Una catástrofe como la que nos invade puede ser explotada políticamente, ya lo está siendo y esto es solo el principio.
Es convicción extendida que China trató de escamotear el hecho en su origen. Parece obvio que no dio cuenta de él a instancias internacionales como es preceptivo y ejerció una censura rigurosa sobre lo que ocurría en Wuhan. Hasta el punto de que la agencia oficial anunciaba sanciones para los que difundieran “rumores falsos”. Como guinda, las autoridades presionaron al oftalmólogo Li Wenliang para que a principios de enero se retractara de sus revelaciones sobre la existencia de la epidemia. El médico se vio forzado a hacerlo poco antes de perecer a causa de la misma.

La gravedad del tema ha sido munición para varios medios de información de Estados Unidos. Afloran abundantes artículos que censuran la doblez de los dirigentes del rival asiático, alguna publicación llega hasta decir que Pekín es responsable delictivo de la tardanza en revelar su alcance y da a entender que las demandas ante tribunales por la ocultación podrían ascender a miles de millones. Congresistas republicanos y algún demócrata se esfuerzan en introducir una moción censurando a China. Un portavoz oficial en Pekín ha contraatacado hace semanas culpando a algunos servicios estadounidenses de haber creado artificialmente el virus y plantarlo en China para debilitar al país.

En Estados Unidos hay especulaciones sobre el efecto que la pandemia tendrá en la elección presidencial que tendrá lugar dentro de unos siete meses. Trump parece ahora haberla tomado en serio aunque tuvo algunas explicaciones infantiles marca de la casa en un primer momento. Sus enemigos las aprovecharon rápidamente. Sin mayor efecto por el momento. Una encuesta del pasado viernes mostraba una ligera mayoría de estadounidenses que aprobaban la gestión del presidente con la pandemia y Biden, su casi seguro rival en noviembre, ha estado desaparecido una semana. La explicación de su entorno justificando que no aparecía porque su domicilio no permite difundir mensajes adecuados resulta un poco endeble.
Parece obvio que el manejo de la pandemia será decisivo en la opción de los americanos en las elecciones.

En España, como señala este martes Le Monde, crecen las voces que indican que la actitud inicial del Gobierno fue lamentable y la autorización y el aliento que se dio a las manifestaciones feministas del 8 de marzo es denunciado por una gran parte de los medios extranjeros que han informado sobre España. No concluyen, sin embargo, con la idea de que esto pasará factura al ejecutivo.

Por otra parte, comentaristas y científicos empiezan a cuestionar seriamente a otros dirigentes, Johnson en Gran Bretaña, por ejemplo, que han tardado en tomar medidas. La polémica brota: ¿Hay que ir al confinamiento sin vacilación como decidió ayer el Gobierno indio que ha mandado a casa a la friolera de sus 1.260 millones de personas o es aceptable la postura del inefable presidente mejicano López Obrador que no sólo repartía abrazos hace pocos días sino que esta misma semana alentaba a sus compatriotas a acudir a restaurantes y lugares públicos para que sigan los negocios funcionando?

Hay que desear que la pandemia no se extienda en ese país hermano porque caso de que Méjico no fuera respetado por el virus los vituperios hacia su Presidente tendrían allí, en el vecino Estados Unidos y en el mundo, unos decibelios bastante más elevados que los que han motivado nuestra temeraria y en su momento jaleada manifestación del 8 de marzo.