La ejecución del iraní y las consecuencias para Trump

Un millón de personas han salido a la calle en Teherán para el funeral del general Soleimani fulminado en Bagdad por un certero misil estadounidense. Un estampida de la muchedumbre ha causado al parecer 52 muertos y más de 200 heridos. Gritos de muerte a Estados Unidos y a Israel eran coreados por miles de personas.

Aunque Soleimani estaba detrás de numerosos atentados contra intereses americanos en varios países de la zona- el último el asalto a la Embajada yanqui en Bagdad que traía reminiscencias del secuestro en Teherán hace décadas de los diplomáticos americanos, tropelía que duró 444 días e influyó en la pérdida de las elecciones por Carter- pocas personas dudan que Trump ordenó la ejecución en el contexto de la elección estadounidense del próximo noviembre. El impetuoso presidente americano debía estar harto de los alfilerazos iraníes pero el horizonte electoral ha jugado su papel.

La evaporación de un mítico militar iraní no empañará de momento la popularidad de Trump. Fulminar al que ha armado a grupos terroristas en Oriente medio, grupos en guerra con Washington, se vende bien. La obsesión de Trump con demostrar que el no es un blandengue como alguno de sus predecesores lo ha llevado a tomar una decisión de la que probablemente no había informado ni a sus aliados de la zona.

El ataque debe dar un respiro interior al régimen de los ayatollas. El país pasa por un mal momento económico, las sanciones yanquis han hecho verdadera pupa, la economía se ha encogido un 10% en el pasado año y el paro ha subido al 17%. Abundantes disturbios por la subida del precio de la gasolina en Noviembre produjeron, según fuentes fiables, más de 450 muertos. El régimen ha aumentado su control en el Internet, lo cerró en todo el país durante una semana, y ha creado una policía, la FATA, que vigila el tráfico en las redes. No sabemos lo que durará el sentimiento de agravio colectivo iraní. Con eso no se come.

En Estados Unidos hay división de opiniones sobre las consecuencias de la decisión ejecutora de Trump. Las voces disidentes, sin embargo, no son excesivamente ruidosas. Incluso Thomas Friedman un prestigioso columnista del New York Times, periódico que sigue detestando a Trump, escribe que el general iraní estaba muy sobrevalorado, que tomó decisiones importantes en su apoyo a grupos terroristas que le han dado influencia en diversos países, Siria, Líbano, Irak…pero que han sido una auténtica catástrofe para el bienestar de los ciudadanos iraníes. Friedman concluye que si Soleimani hubiera vivido en un país con algo de libertad de prensa lo habrían cesado hace años.

La incógnita ahora es el paso siguiente de los ayatollas con su “venganza descomunal”.Pueden atacar algún objetivo estadounidense, la base de al-Udaid en Qatar debe estar al alcance de misiles iraníes, ¿pero iba Trump a replicar con proporcionalidad? Dudoso. Las consecuencias de la escalada también.