Delincuentes, no; gorrones, ciertamente

Trump ha llegado a Europa con su zafiedad y su verdad habituales. Con pocos pelos en la lengua. Ha arremetido contra Macron por decir que la OTAN estaba casi en coma. Ha calificado las declaraciones del francés como irrespetuosas y muy, muy groseras por mal intencionadas. No ha vacilado en reprochar a Macron que haga estas afirmaciones cuando Francia es de los países que más necesitan a la OTAN.

Por supuesto que se olvida de que él fue el primer líder de Estados Unidos que hizo comentarios poco agradables sobre la Alianza Atlántica. Ahora, ha abrazado las bondades de la Alianza Occidental y le molesta que alguien la cuestione. Vivir para ver.

Más acertado en su llegado a Londres donde se reúne la OTAN ha sido en vituperar la roñosería de algunos países de la Alianza. Algún medio de información español ha traducido precipitadamente las declaraciones del americano. Nos habría llamado “delincuentes”, pero no ha sido así. “Deliquent” en inglés, no todos nuestros periodistas están familiarizados con esa lengua, significa simplemente “moroso” y en eso Trump no se equivoca. Muchos gobiernos europeos rehuyen, algunos descaradamente, cumplir con el compromiso contraído firmemente de alcanzar el 2 por cien del producto bruto en gastos de Defensa. Son bochornosamente morosos. Solo unos nueve de los veintisiete de la Alianza han hecho los deberes y cumplen aunque sea apuradamente: Gran Bretaña, Grecia, Turquía… Otros muchos remoloneaban en la época de Obama, que ya nos tiró educadamente de las orejas, y pasados tres años seguimos remoloneando con Trump. Las embajadas estadounidenses en los países aliados deben estar dando cuenta a La Casa Blanca de que muchos de los gobiernos comprometidos no van a cumplir ahora, ni en el año 2022, ni en el 2030, ni…

Esto irrita especialmente al Presidente yanqui, que ya ha advertido que él no puede continuar gastándose en Defensa un porcentaje que más que dobla el siguiente del mejor alumno de la OTAN, y muchos países estar chupando rueda año tras año. Entre los morosos destacados está la Alemania de Merkel que invierte el 1’3 en Defensa teniendo una economía potente y más saneada que la de Trump. El horizonte de la política alemana hace deducir que esto no va a cambiar; los socialdemócratas de la coalición no quieren desembolsar más fondos para Defensa y sus nuevos dirigentes, del ala izquierda del partido, serán aún más reacios.

Más llamativo es nuestro caso. España invierte en defensa 0’9 por cien. Menos de la mitad de lo que debería. Somos el farolillo rojo de la OTAN, un orgullo para algún progre pero que hace sonrojar a nuestra diplomacia. Es dudoso que el Gobierno en ciernes vaya a cambiar la situación, y los intentos de nuestros actuales dirigentes alegando que hacemos otras contribuciones que pueden sumarse a lo que figura en las cifras oficiales, son acogidos con una sonrisa irónica por nuestros aliados. No lo engañamos.

No es raro, entonces, que Trump rumie que hay europeos que se permiten subir pensiones, mejorar su sistema sanitario mientras incumplen sus obligaciones. Para él y para un cada vez mayor porción de los estadounidenses somos simplemente unos gorrones contumaces.