España y el cambio climático

Nuestro Gobierno ha estado acertado ofreciendo que en España se celebre la Cumbre climática que Chile ha tenido que cancelar por graves problemas internos. Ha hecho bien no sólo porque el evento, con miles de asistentes, va a ser una buena inyección para Madrid -pienso que hace pocos años nuestros dirigentes abrían ofrecido Barcelona para hacer un guiño a los nacionalistas en épocas de más calma, ahora sería una locura celebrar la cumbre allí-, sino porque, además, se le echa un capotazo a un país amigo, Chile y, sobre todo, se apuntala el proceso para contener el cambio diplomático en momentos en que Estados Unidos se ha distanciado y alguna otra nación, por razones económicas, vacila.

Pocos analistas sensatos cuestionan la seriedad del tema. Incluso algún medio escéptico comenta que, con frecuencia se exagera el alcance, pero que los efectos nocivos están ahí. Un estudio, al que hace referencia Bloomberg, señala que es probable que la economía de la India, un país con más de 1.000 millones de habitantes, puede haberse contraído en un 30% debido a efectos de ese cambio atmosférico.

El Acuerdo del cambio climático se firmó en París en abril de 2016 por un número récord de países (¿174?). Entraría en vigor ese mismo año después de que se produjeran las ratificaciones de una mayoría de países signatarios (55% que emitían un mínimo de 55% de los gases nocivos). Era el reinado de Obama y su Gobierno lo firmó con entusiasmo. Después de la reforma sanitaria y de parar la crisis económica es quizás el tema que el presidente americano citaba con más interés en su balance.

Las cosas han cambiado. Trump se sale del partido y abandonará el acuerdo en noviembre de 2020 coincidiendo con la elección presidencial. Está convencido, y puede que no se equivoque, de que la espantada no le va a robar votos. Es un golpe al Convenio aunque no mortal. Estados Unidos y China representan lamentablemente el 38% efecto invernadero, son los que más polucionan. Dentro del acuerdo, con todo, quedarían los países, una inmensa mayoría, que emite, sin Estados Unidos, 79% de los gases. Que ellos los reduzcan sería muy benéfico para el planeta.

Ahora bien, ¿lo harán?. China, que como Rusia se apresta a sacar pecho cuando Washington renquea, ha anunciado que ella va a cumplir. Sin embargo, los hechos aportan dudas. China va a pasar a Japón como la mayor importadora de gas natural lo que no quiere decir que va a reducir sus importaciones de carbón, el gran contaminador. En 2018 importó unos 295 millones de toneladas. Este año quizás compre un 10% más. Los aguafiestas señalan, entonces, que China no va a detener su crecimiento económico, bajar al 6% anual es anatema, para que la atmósfera no se deteriore. Si esto es así están dando pasto argumental a Trump y los suyos. Si China continúa comprando carbón y polucionando, ¿por qué Estados Unidos, el réprobo que abandona la clase, se va a convertir en un chico modélico mientras otros gigantes dicen que cumplen y están haciendo chanchullos?