Los talibanes hacen pupa en la Casa Blanca

John Bolton, Consejero Nacional de seguridad de Trump, acaba de ser cesado por el presidente. Que lo anuncia con un tuit : “le he pedido que dimita porque estoy claramente en desacuerdo con él en muchos temas” Los consejeros de seguridad del Presidente de los Estados Unidos son, a veces, un Ministro de Asuntos Exteriores que socava las competencias del titular del departamento (el Secretario de estado), Kissinger es un buen ejemplo. Tenía el oído de Nixon y fue el quien, a espaldas del secretario de estado Rogers, montó el histórico desplazamiento de Nixon a China para ver a Mao. Rogers, in albis, ni participó en la entrevista la que sí asistió Kissinger.

El cesado Bolton parece que tampoco hacia migas con Mike Pompeo, el actual Secretario de estado, pero esa no parece ser la causa principal de su despido. La razón es simplemente que le llevaba la contraria al Presidente en temas  que este consideraba capitales y con los que pensaba pasar a la historia, Corea del norte por ejemplo. En este, como en otros, Bolton era el halcón intransigente y Trump, tomen nota, la paloma posibilista. En Venezuela, por citar otro caso, Bolton acariciaba la intervención militar, Trump no quería meterse en berenjenales y además su Consejero le dio a entender que Maduro caería con la emergencia de Guaidó. No ocurrió.

La gota que ha colmado el vaso parece que ha sido la aproximación a los talibanes. Trump en su campaña electoral prometió retirar los 14.000 soldados americanos desplegados en Afganistán. Su marcha podía dejar desguarnecido al gobierno afgano no preparado aún para contener a los talibanes después de 18 años de lucha. Trump celoso de cumplir sus promesas y lleno del adanismo que late en muchos políticos, nosotros tenemos alguna prueba de esa dolencia con algún socialista del pasado reciente, creyó que había descubierto la cuadratura del círculo. Negociaba con los talibanes y si estos se mostraban razonables y abandonaban la lucha armada  podría retirar a los “boys” de su ejército y alardear de que el había terminado una guerra ante la que TODOS sus predecesores habían resultado ineficaces.

Los talibanes no se han mostrado excesivamente complacientes y en las fechas en que se podía cerrar el pacto, con una reunión nada menos que en Camp David, donde se firmó en la era Carter el acuerdo entre Begin y Sadat, han perpetrado un par de atentados causando una veintena de muertos. El Presidente ha debido encontrar irritante que Bolton le repitiera : “ya dije yo que esto era fútil” .

La marcha de Bolton, que lanzará alguna puya contra Trump, ha caído bien en Washington. Era persona inteligente y trabajadora pero su concepción del peso y del papel de Estados Unidos era llamativamente prepotente y agresiva.

En la ONU, en la que fue fugazmente embajador, correrá el champagne. Bolton odiaba a la Organización a la que consideraba totalmente inoperante y un freno estúpido para los designios de Washington y en una ocasión comentó que si volaran los diez pisos superiores de su sede( en los que están los altos cargos) el mundo saldría ganando. El ha durado en el cargo quince meses y es el tercero que lo ha ocupado con Trump en los tres años escasos del mandato de este.