El G-7 , Irán y Trump

Hay divergencias sobre si la reunión de los jerifaltes del G- 7 ha sido anodina o significativa. Si uno lee la prensa francesa cuyo presidente era el anfitrión de la cumbre el encuentro ha tenido bastante enjundia. Si se examina la prensa estadounidense no hay que tirar cohetes. Según el multilateralista y anti Trump Washington Post el evento no ha dado mucho de sí en temas importantes como el cambio climático y los desencuentros comerciales.

Ha habido, sin embargo, un hecho relevante. Macron, en una de esas iniciativas tan queridas por la diplomacia francesa, se ha sacado de la manga una invitación inesperada al ministro de asuntos exteriores iraní para tratar de suavizar la tensión entre Irán y Estados Unidos que ha puesto en claro peligro el acuerdo para que Teherán detenga su programa nuclear. Los corifeos del Presidente estadounidense, por ejemplo Halley, su antigua Embajadora en la Onu, ha escrito que la invitación era un desaire a Trump, una especie de emboscada inadmisible. El presidente, sin embargo, ha puesto buena cara, dado a entender que no le parecía mal y, en uno de esos giros propagandísticos que le encanta hacer, ha manifestado que se puede hablar con Irán y que incluso estaba dispuesto a reunirse con su presidente y desactivar la crisis.

El presidente Rohani que el lunes había insinuado que conversar con Estados Unidos podría ser útil, declara ahora , sin embargo, haciéndose querer, que la reunión con Trump no es viable si antes de ello Estados Unidos no levanta las onerosas sanciones impuestas a su país y que según todos los comentaristas están haciendo pupa. Presumiblemente, Macron e incluso Bruselas pedirán al lenguaraz americano que elimine alguna de ellas como prueba de buena voluntad y que se empiece a hablar. Veremos si lo consiguen.

Trump no ha tenido pelos en la lengua para lanzar su enésima y solapada andanada contra la Unión Europea animando ruidosamente al británico Johnson para que la abandone sin más y prometiéndole un rosado porvenir económico con un nuevo acuerdo comercial entre Londres y Washington. Las cosas no son tan halagueñas como los dos anglosajones pretenden. El británico, que en algunas cosas es un calco del americano, ha piropeado a su colega pero, detalle importante, le ha pedido prudencia en la batalla comercial con China.

Trump ha tenido otro detalle de mal gusto. Deseoso de que Rusia vuelva al regazo del G-7 del que fue expulsada por su absorción de Crimea y su flagrante injerencia en Ucrania, ha propinado un cintarazo a Obama. Este, cuenta Trump, resultó ser un pardillo con Putin, que fue más inteligente en un par de temas importantes en los que se salió con la suya, y el ingenuo de Obama habría reaccionado expulsando a Putin del grupo. En el propósito de Trump de reintegrarlo comulga más de un país europeo. En ese tema como en otros Europa muestro su crónica división.