La ignorada India

Alguien puede subrayar que los medios de información occidentales son muy selectivos a la hora de informar de graves acontecimientos en el mundo. Sobre todo si ocurren en parajes lejanos. Hay abundantes noticias y reportajes sobre lo que está ocurriendo en Hong Kong, es decir el pulso entre su población y el gobierno chino -pulso que difícilmente pueden ganar los siete millones de habitantes de la antigua colonia británica hoy una isla de abundante libertad en el grandioso océano chino-, y lo que acontece simultáneamente en la Cachemira india. Lo primero, se afirma, tiene un continuo reflejo en prensa, lo segundo es pasado por alto.

Los amigos de la conspiración anti estadounidense lo achacaran a que a Washington le interesa en estos momentos de tensión con China agitar la situación en Hong kong y que, por otra parte, la India es amiga de Estados Unidos y hay un velo de silencio sobre lo que su gobierno está imponiendo ahora en Cachemira.

El análisis es un tanto simplista. Hay un desequilibrio informativo pero la prensa occidental, incluida la estadounidense no ha dejado de ocuparse del territorio indio. Incluso a pesar de la censura establecida por Nueva Delhi.

India y Pakistán han luchado cuatro guerras desde 1947 a causa fundamentalmente de Cachemira, un territorio que fue dividido entre ellas y China. El último episodio de esa crisis ocurrió hace meses cuando un suicida paquistaní mató a 44 soldados indios. El gobierno indio reaccionó bombardeando un campo de entrenamiento militar paquistaní en el que se suponía se adiestraban terroristas.

Después, Nueva Delhi ha modificado el Estatuto de Cachemira, un estado dentro del sistema federal asimétrico de estados y territorios que acoge la Constitución de India, ha suprimido el importante artículo 370, cerrado el territorio a los turistas y a la prensa y enviado a unos miles de soldados. Para los críticos de las medidas, comentaristas abundantes en el inmenso territorio indio donde hay una notable libertad de prensa, el gobierno nacionalista de Narendra Modi pretende sofocar la autonomía de Cachemira imitando las medidas tomadas por China en determinados temas. La diferencia es que la minoría musulmana en India es muy numerosa y empieza a sentir que el actual gobierno indio, envalentonado tras su repetida victoria electoral, es menos respetuoso con la religión musulmana y con los que la profesan que algunos de sus predecesores. Un conocido periódico de Bombay, ‘The Indian Express’, titulaba hace días con ‘India asesina a la democracia’.

Las quejas abundan, se dice que el Tribunal Supremo de la India es más centralista que el gobierno, también que, con tretas, en los 80 diputados del poblado estado de Uttar Pradesh que se sientan en la Cámara baja nacional no hay un solo musulmán y que Modi ha encontrado un importante aliado en Israel al que compra mucho armamento y donde bebe y paladea la supremacía india sobre lo musulmán.

India es un gigante emergente, a cuyo mercado e industria digitales acuden con disputas China y Estados Unidos, que dará que hablar en el futuro y no solo por cuestiones conflictivas como Cachemira. Y, en contra de lo que dicen los conspiradores, Washington, que tiene otras cosas en que pensar, no podrá impedirlo.