Johnson, el mentiroso de los condones

Como esperado los conservadores británicos va a profundizar más aún la brecha existente en su país. Han elegido, 66% de los votos frente a 34%, a Boris Johnson como líder y primer ministro. Los miembros del partido lo han ovacionado y en otros lugares del país brota el llanto y el crujir de dientes

Johnson es el político al que el New York Times describe como persona que desdeña el trabajo serio, la honradez y la verdad. Extrovertido, con sentido del humor, maestro en el arte de hacer frases citables, lo que lo convertiría en ídolo de bastante de nuestra clase política, Boris es un embustero contumaz. Ha sido despedido en un par de ocasiones, en una cuando trabajaba en The Times por inventarse frases eróticas de un conocido, y fue corresponsal del Daily Telegraph en Bruselas desde donde mandaba crónicas sarcásticas denigrando a la Unión Europea. En una de ellas anunciaba que los burócratas de Bruselas iban a imponer 55 milímetros como el diámetro máximo de los preservativos europeos lo que crearía problemas a los presumiblemente mejor dotados británicos.

Era un embuste como el que le sirvió de eslogan para la campaña a favor del Brexit en su país. El autobús en el que iba a los mítines anunciaba con grandes letras que, marchándose de Europa, Londres ahorraría 350 millones de libras semanales que podían remozar el sistema sanitario británico. Sus fabulaciones desde Bruselas fueron constantes. Hay quien apunta que miente más que Trump, el americano lo hace más frecuentemente, pero en Boris la trola es más gorda y, a veces, más ocurrente.

Pocas veces en el siglo XX ha llegado al poder un premier en circunstancias tan delicadas. El debutante se desayuna con una grave crisis con Irán y, sobre todo, con el cisma del Brexit. Su introvertida predecesora, la señora May empezó la negociación con la Unión marcándose algún farol, luego la sensatez se impuso. Su sucesor no se anda con chiquitas. Anuncia que Bruselas tendrá que renegociar a fondo el acuerdo, en caso contrario, dentro de 100 días Gran Bretaña dará un portazo y se marchará.

Suena a bravuconada o baza negociadora. El portazo brusco puede costar al país 33.000 millones de euros, ahondaría las divisiones.

El embustero, carismático para algunos, payaso para otros, tiene tres meses para convencer a Bruselas. Es improbable que obtenga mucho más que May. La Unión sabe que el divorcio no le puede salir barato a Londres porque abriría apetitos similares en otras naciones con gobiernos euro escépticos.

Por otra parte, una salida sin acuerdo no asustaría tanto a Bruselas como a bastantes miembros del partido conservador. Lo que podría llevar a nuevas elecciones. Boris tiene un marrón casi tan grande como alguno de los que lidió su admirado Churchill.