El calor hace alarmantes titulares y politiza

En Estados Unidos, donde Trump sigue llenando páginas ahora con su pelea con Irán, el tema del cambio climático no hace estos días muchos titulares. En Europa, empieza a acapararlos. Ya se anuncian récords en el termómetro en los días venideros. Se recuerda el verano de 2013 cuando en Europa murieron 70.000 a causa de las altas temperaturas. De ellas 15.000 fueron francesas. Por eso, nuestros vecinos despliegan consejos en estas fechas. Macron ha hablado ominosamente del tema, se han suspendido los exámenes en los colegios esta semana y todos los periódicos explican como combatir el calor. Un par de ellos se muestran en contra de ir corriendo a comprar un aire acondicionado portátil. Aseguran que si muchos lo hacen el resultado será contraproducente.

En Alemania hay personas mayores que se han prácticamente desnudado enfrente de la sección de congelados de un par de supermercados para relajarse y se esparcen, como en Gran Bretaña, serios recordatorios. Las cifras indican que en este siglo ha habido cinco años en que se han producido las temperaturas veraniegas más altas desde 1500. Son los años, 2018, 2010, 2003, 2016 y 2002. Hay científicos que predicen que dentro de dos o tres décadas será normal que en bastantes países europeos, no forzosamente del sur, el termómetro alcance los 50 o 55 grados en verano. Ya casi nadie duda de que las olas de calor van a doblar en frecuencia.

El tema entró lógicamente de lleno en la política, aunque en Estados Unidos la opinión pública aun no reaccione como en Europa a pesar de los esfuerzos de Gore con su cruzada para explicar el cambio climático que le valdría el Premio nobel. Obama dejó el poder con ciertas frustraciones pero con dos grandes alegrías. Promulgó una gran reforma sanitaria que dio cobertura a más de veinte millones de personas que carecían de ella y logró llevar a su país al Acuerdo de París sobre el clima. Trump obsesionado con hacer tabla rasa con cualquier medida de Obama ha proclamado que Estados Unidos no ratificará el acuerdo en cuestión.

Lo curioso es que entre los estadounidenses no hay alaridos contra cualquier medida que dañe a la naturaleza. El escepticismo sobre los efectos nocivos de la acción del hombre está más extendido que entre nosotros. Por otra parte, la política de Trump encuentra de vez en cuando aliados ocasionales no despreciables. Hace días el avanzado Trudeau, líder canadiense, anunció que va a permitir la construcción de un importante oleoducto que se presume no será benéfico para la atmósfera. Por otra parte, China, la mayor contaminadora del planeta, Estados Unidos sería la segunda, no acaba de poner en marcha los necesarios frenos a su industria. Los chinos predican las bondades de conservar el medio ambiente pero, una vez más, una cosa es predicar y otra dar trigo.