Mutis del Rey

Hace cinco años Don Juan Carlos abdicó por una serie de circunstancias, la foto del elefante, la presencia en la misma de su amiga Corinna y especialmente el procesamiento que sufría nada menos que su yerno. Creyó conveniente abdicar, algo que, según los que lo conocen, no le había cruzado por la cabeza dos años antes y hacer con ello un servicio a la Monarquía y España. Esto le honra.

Ahora hace mutis total. Desde el lunes no acudirá a ningún acto público. Nunca sabremos si es porque las fuerzas, con la edad y las múltiples operaciones que le han realizado, le fallan o se ha sentido repetidamente ninguneado por personas cercanas a su hijo Don Felipe.

El Rey merece un balance, forzosamente hoy precipitado, sobre labor. Ha tenido algún desliz pero al restar queda una suma de cosas inapreciable. Desde la acertada elección de Adolfo Suárez para dirigir la transición, era la persona adecuada y Don Juan Carlos tuvo un olfato que muchos criticaron, hasta su actuación firme en la noche del golpe de estado de febrero de 1981. Sus múltiples llamadas telefónicas a los sublevados o a los vacilantes y su rotunda salida a la televisión apagó el fuego que muchos temimos se desatara.

He viajado un poco con el Rey Emérito y puedo subrayar dos rasgos de su persona: el primero es que tiene pasión por España, desde un invento útil de un español hasta los triunfos de nuestro equipo femenino de fútbol. Le pirran y lo exterioriza con espontaneidad.

El segundo es su escrupuloso respeto del texto constitucional que nos dimos en 1978 y que limitaba enormemente sus poderes y competencias. Como pueden atestiguar los diferentes Presidentes del Gobierno, de distinto signo, nunca se ha extralimitado ni hecho nada que irritase a nuestro ejecutivo.

Son dos características fundamentales que parece ha heredado su hijo. Lo que viene bien en el Jefe del Estado de una democracia.