¿Alzamiento legítimo o golpe de estado?

No es seguro que la pugna entre los aspirantes a la democracia y los partidarios de Maduro se resuelva en horas como algunos sostienen y muchos deseamos.

Mientras sigue el enfrentamiento, incruento afortunadamente, ambos bandos disparan ráfagas verbales. Guaidó, López y el grupo demócrata llaman usurpador a Maduro. Este denuncia con cinismo el golpe de estado y con la simplificación que está de moda ahora en la izquierda tilda a sus oponentes de “ultra derechistas”. Lo de ultra derechista o fascista viene muy bien para descalificar a cualquier adversario. Sorprendentemente sigue vendiendo, allí y aquí.

Los Embajadores adictos a Guaidó se han reunido en Bogotá, aseguran que 60 países lo reconocen ya, y aunque no echan las campanas al vuelo sobre el final del duelo apuntan a que esto es el principio del fin.

La palabra la tienen los militares. El régimen de Maduro controla buena parte de la información pero esto no sería bastante para contener la ola popular que podría engullirlo. En el país faltan demasiadas cosas de primera necesidad, hay barrios de Caracas a los que no llega el agua desde hace quince días, los apagones son frecuentes con serias incidencias en los hospitales, la violencia aumenta (quizás sea el país más violento del mundo) y, sobre todo, en el día a día, encontrar comida o agua para beber se ha convertido en algo que en lo que una familia emplea varias horas diarias. Como exclamaba un ama de casa: “Ha mandado a Venezuela a la Edad Media” Todo ello en una tierra con envidiables recursos naturales. Aunque Maduro, envuelto como siempre en la demagogia, manifieste que la escasez, la falta de agua son producto de sabotajes del imperialismo yanqui. Un pamema pero que siempre es creída por un porcentaje de los habitantes de Iberoamérica.

Estados Unidos no va a intervenir a pesar de las advertencias de Trump de hace semanas. Sería contraproducente pero ha declarado que boicoteará el petróleo venezolano; un nuevo problema para Maduro que se ha echado en brazos de rusos y chinos.

Los militares, leales según Maduro, desertores en potencia según los chavistas, tienen la llave. Si un par destacado de ellos cruza el Rubicón y se pasa a López y Guaidó todo podría tener un efecto dominó. La gente se echaría a la calle sin el miedo que ahora le embarga por los antecedentes represivos. Unas elecciones honestas como pide nuestro gobierno deseando no decantarse demasiado (ha añadido que no quiere un golpe militar lo que no diría si se tratase de deponer a un dictador de derechas) serían una solución. Maduro no las aceptará a no ser que se vea solo. Sabe que las perdería.