Zidane recupera su alma y entra con mando en plaza

La espantada de nuestro admirado Zidane ha durado unos 280 días. Un espacio de tiempo suficiente para reflexionar pero probablemente no lo suficiente amplio para cambiar drásticamente de parecer.

Hace nueve meses el elegante francés consideraba que su momento había pasado. Ahora con un equipo de inferior peso, los antiguos son más veteranos y, sobre todo, con Ronaldo perdió al gran goleador. En esas condiciones él explica que si lo llama el Presidente no podía decir que no. Es bonito para los madridistas pero no se entiende por qué hace escasos meses podía negarse dejando a Florentino sumido en la desesperación y obligado a tomar decisiones un tanto precipitadas.

Lo que revela el volantazo de Zidane es que en aquella ocasión se percató de que no tenía equipo para continuar su racha de triunfos y, más aún, que Florentino no quería comprarle tres figuras de lujo e incluso seguía soñando con el milagro Bale algo que el francés sabía que no se iba a producir. Para él, Bale era un jugador limitado que había demostrado que no era el repulsivo de calidad que el equipo necesitaba. Es decir intuyó que ni le comprarían lo que quería ni despedirían quien el quería. Con educación hizo mutis por el foro.

Ahora el Presidente ha hecho una jugada acertada. Trae a un míster que puede devolverle gloria al Madrid, no sabemos cuánta, y calma a la casi la totalidad de la afición. Un movimiento hábil.
Ahora bien, y esta es la madre del cordero, Zidane no viene gratis y no me estoy refiriendo sus emolumentos. Sino al reparto de poder dentro del club. El añorado entrenador vuelve con mando absoluto en el vestuario y, en gran medida, también en la política del Club en lo tocante a fichajes. Zidane puede ahora mandar y será difícil que la Directiva o el todopoderoso Presidente pueda suscitar la menor objeción a una adquisición o a un descarte. Hace meses el francés, viendo las dificultades no quiso chocar con el Presidente. Ahora, este es el cambio en los intestinos del club, el Presidente no puede permitirse chocar o llevarle la contraria a su míster. La afición y los socios lo considerarían una frivolidad, más aún un crimen de lesa majestad.

Zidane ha vuelto con mando en plaza. Él lo sabe y la directiva también.

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