Buteflika y el sillón de ruedas

Buteflika

Tiene “sólo” 82 años y hace tiempo que no aparece en público pero el presidente argelino Buteflika ha decidido presentarse para un quinto mandato. Ha sido el colmo para una parte importante de la población argelina que respetaba hace años al Presidente-Buteflika es uno de los históricos de la independencia, fue ministro con veintitantos años-pero la gente está harta de estar dirigida por no se sabe quien, ¿ una alianza de los militares y la familia cercana al presidente?, y muchas personas se han echado a la calle en estos días en unas manifestaciones que no parece vayan a acabar.

Conocí a Buteflika en mi estancia diplomática en Argelia a principios de los años setenta. Era un ministro de Asuntos Exteriores muy joven, seductor, activista, con prestigio en el tercer mundo y respetado en las cancillerías occidentales. Era la época en que Argelia, con el taciturno Bumedian, ocupaba un lugar de vanguardia en el entonces importante movimiento de los No Alineados. Luego coincidí con él en alguna Asamblea de Naciones Unidos donde percibí que el antiguo revolucionario hacía buenas migas con Aznar al que me calificó de amigo de los árabes.

El brillante político ha envejecido. Gobierna, si es que lo hace él, desde la sombra y su último discurso lo pronunció hace seis años. Sus males se iniciaron en el 2005 con un derrame en el estómago y aunque recuperado tuvo otro accidente vascular, esta vez, al parecer en el cerebro, que lo tiene en una silla de ruedas. En estos momentos está internado en un clínica de Ginebra donde ha pasado temporadas así como en otras de París. La presentación de su candidatura ha sido realizada por otra persona aunque la ley argelina apunte a que debe ser el candidato mismo quien la haga. En los últimos años se han suspendido con pocos días las visitas oficiales de Merkel y del poderoso príncipe heredero saudita.

Las protestas de la calle han llevado al Presidente, o a su camarilla, a anunciar que si es elegido no cumplirá todo su mandato, se retirará antes, y, además, que llevará a cabo una seria reforma constitucional. No es probable que esto calme las aguas. La oposición y gran cantidad de jóvenes inquietos por las escasas salidas económicas que les ofrece el país, ya grita que Argelia es una república y no un reino y que Buteflika debe hacer mutis lo antes posible.

Argelia sigue dependiendo enormemente, como varios países del tercer mundo del petróleo y del gas de los que somos importantes clientes. La población no quiere sobresaltos porque recuerdo la guerra civil que hubo hace algo más de una década entre el poder y los extremistas musulmanes. Costó unos 210.000 muertos. Este recuerdo ha influido en la tranquilidad y estabilidad del país. Los sobresaltos en Argelia pueden salpicar a los vecinos entre los que nos encontramos

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