Donald y Kim casi con cartas de amor

A Trump le encantan los adjetivos efectistas y los superlativos. Vive para lanzarlos en sus miles de tuits. Ya ha calificado de “tremendo” el encuentro con el coreano Kim Jong-um de estos días . Sus colaboradores se aterran de su entusiasmo y el Secretario de Estado se esfuerza en echar agua a cualquier euforia prematura.

La Cumbre yanqui-coreana del pasado año no tuvo resultados tangibles aunque es muy bueno, con todo, que se celebrara. En la del miércoles ambos políticos parecen, en el fondo, tener objetivos no excesivamente ambiciosos. El estadounidense no va a exigir a su interlocutor una desnuclearización total, “comprobable e irreversible”. Le bastará en estos instantes que el coreano congele sus ensayos nucleares.

Ambos tienen un claro interés en que la Cumbre sea un éxito, real o medio aparente. Trump continúa con problemas internos y pretende avanzar donde sus predecesores en el cargo se atascaron. Incluso se las da de pacifista afirmando, lo que suena a mentira, que Obama iba a declarar la guerra a Corea del Norte mientras que él logra resultados con cumbres y diálogo. Un progreso, aún reducido, en el contencioso con Corea es un buen abono para su reelección. La firma de un tratado de paz, la guerra del 53 se cerró solo con un armisticio, sería un buen signo.

Kim no querrá prescindir totalmente de su bomba, visto el precedente de Guedaffi es su garantía de supervivencia, pero tiene que abrirse para dar de comer a los coreanos, para salir del marasmo económico. Ha tomado pequeñas medidas liberalizadoras, se permite el “trabajo paralelo” y los optimistas apuntan que empieza a asomar una minúscula clase media. No basta. El país ha pasado enorme hambre y penurias, la hambruna produjo un millón de muertos de una población de 24 millones hace algo más de una década, y sus dirigentes no quieren volver atrás y potenciar un posible estallido.

El ejemplo de Vietnam, que acoge gustoso y orgulloso la Cumbre, es iluminador. Las inversiones extranjeras, una fábrica de Corea del Sur emplea a 60.000 personas, y el turismo acuden de forma muy creciente a ese país. Son los primeros que explicarán a su ya antiguo aliado coreano que la apertura controlada y el llevarse bien con Estados Unidos, con el que tuvieron una guerra hace cuarenta años, están resultando rentables para la población y para el régimen.

Algunos titulares de la prensa estadounidense son elocuentes : “USA today” dice : Trump ha hecho progresos increíbles en Corea del Norte”. Otro subraya destacadamente : “ Del fuego y la furia a las cartas de amor”.