Estados Unidos y Europa: hay bronca

El presidente Trump, con el desparpajo chulesco que le caracteriza, ha señalado que puede subir espectacularmente las tarifas aduaneras (del 2´5 al 25%) de los automóviles europeos que entran en Estados Unidos. “Me gustan las tarifas”, ha dicho.

La intención trumpiana ha llenado de cólera a Angela Merkel, canciller del país que más tendría que perder con la peregrina amenaza del americano. Alemania vende muchos coches, normalmente de alta gama, en Estados Unidos mientras que las ventas francesas de vehículos son escasas. Merkel, justamente irritada y sin pelos en la lengua al haber anunciado su pronta marcha, no ha vacilado en mostrar su cólera en una reunión internacional en la que ha sido muy aplaudida. La reacción al discurso del americano Pompeo, sin embargo, casi rozó lo gélido. Medios de información de ambos lados del Atlántico concluyen que ya nadie cree que a Estados Unidos le preocupe Europa y más de un político del viejo continente sostiene que muchos alemanes y europeos confían más en Rusia y China que en Estados Unidos.

Lo nunca visto: una desconfianza generalizada hacia quien tiene que defendernos.

Las diferencias entre los dos aliados, occidentales, Europa y EEUU, no solo afectan a la incipiente guerra comercial. Hay amargos reproches mutuos, los europeos se quejan de que Washington abandone el importante tratado nuclear y detestan que los americanos les retuerzan el brazo pidiendo más sanciones a Irán. Los dirigentes yanquis acusan ominosamente a Europa de someterse a Moscú agrandando su dependencia en el suministro de gas ruso y de escabullirse en las cuestiones de defensa, especialmente en el gasto.

Aquí es donde empiezan los problemas. Trump es un bocazas, zafio e inquietante, los europeos vamos a votar por cualquier candidato que se le enfrente en dos años, pero hay cuestiones con las que nos zahiere con las que también comulgan muchos de sus compatriotas. Tenemos un ejemplo estos días en ese terreno de la defensa. Trump dice que se va de Siria casi sin avisarnos, impropio de un aliado porque nos hace más vulnerables, pero pide que los aliados acojan a los 800 fundamentalistas europeos que ha capturado y no ha habido un paso al frente de nosotros diciendo “envíeme ya los míos que comprendo que esto es una carga colectiva”.

La paradoja, que molesta a cualquier presidente americano, educado o grosero, es que Europa no está dispuesta a asumir todos los gastos de defensa en que incurre Washington y que nos benefician. Ni a corto ni a medio plazo.