El Brexit: falsedades e ilusiones

La historia reciente británica es un cúmulo de mentiras e ilusiones engañosas. Pifió Cameron, predecesor de la señora May cuando con fines partidistas, tratando de sofocar rebeliones de su grupo político, convoco un innecesario referéndum sobre continuar en Europa y, para su pasmo, lo perdió.

Mintieron como bellacos los que lo ganaron, los partidarios de marcharse de la Unión Europea, vendiendo que Gran Bretaña recuperaría su capacidad para regirse plenamente como quisiera y de comerciar como le apeteciera y que eso equivaldría a que el país fuese más próspero, la mayoría de sus ciudadanos saldría ganando. Craso error, una engañifa que recuerda la de los separatistas catalanes. La convicción actual es que la salida será enormemente dificultosa y que los ciudadanos no quedarían mejor sino más empobrecidos.

La tercera trola es la de la señora May creando unas expectativas irrealistas. Conseguiría que la Unión Europea le concediese una acuerdo de despedida a la carta satisfaciendo la mayoría de sus exigencias. Falsa petulancia. La Unión permaneció unida y, sin humillarla, se negó a dar el oro y el moro a la británica. Una ruptura, indicaron, tiene su costo.

Por último, Teresa May trató de inculcar a sus fieles que el tratado pactado con Bruselas podría ser aprobado por el Parlamento británico. O que en caso de perder la votación sería por un porcentaje mínimo. Nueva ilusión infantil. El rechazo a la propuesta, 432 diputados en contra y sólo 202 a favor, es el mayor de la historia parlamentaria británica.

Convencional e incluso moralmente la señora May debería dimitir. No lo hará aunque esté en la línea de salida del poder. La moción de confianza de los laboristas no debería prosperar. La mayor parte de los conservadores no quieren al enemigo en el gobierno; tampoco pueden por su reglamento partidista derribar a May en los próximos once meses.

¿ Que ocurrirá ahora?

Lo sensato, para Europa y Gran Bretaña, sería convocar un nuevo referéndum. Ella no está por la labor. Así cerró enfáticamente su discurso el martes cuando fue derrotada. Dice asimismo que nuevas elecciones serían el caos. Si se descartan ambas posibilidades, la primer ministro tendrá que hacer concesiones como aceptar que Londres mantenga una unión aduanera con Europa. El tiempo, con todo, se agota y lo que parece evidente es que una salida de la Unión sin haber llegado a un acuerdo sobre el modo de hacerlo sería mucho peor que celebrar otro referéndum.