Michelle Obama y la carrera a la Presidencia

La anterior primera dama de Estados Unidos ha publicado recientemente un libro de memorias por el que ha cobrado decenas de millones de dólares, una cantidad superior a la que percibirían por una obra conjuntamente los quince autores franceses y los quince autores españoles más vendidos y de más éxito. Son los honorarios de Messi o de Ronaldo junto a los de 30 jugadores de segunda división. Estados Unidos es otro planeta editorial y la señora Obama salió de la Casa Blanca con una enorme popularidad. Mayor que la de su marido que, aunque más civilizado y humano que Trump, fue igual que este una figura divisoria ( Con menor virulencia).

El libro de Doña Michelle, lo acabo de terminar, se lee bien. Es ameno e instructivo. No revela secretos de estado, es decir hechos trascendentales ni nada que se le parezca, sería , de un lado, despellejada por ello y, de otro, mataría las revelaciones que pronto publicará su marido con unos honorarios, superiores, esta vez, a los de cincuenta escritores europeos.

Cuenta con soltura y sencillez las vicisitudes de su vida, su encuentro con Obama del que fue tutora en un prestigioso despacho de abogados, las claras diferencias de carácter con su pareja, la forma de conciliar el convertirse en la mujer más observada y protegida de Estados Unidos y la educación de sus hijas, aspecto éste al que dedica considerable atención, así como conllevar las rigideces del protocolo y de seguridad-se desplazada siempre en una caravana y un mínimo de doce guardaespaldas-con sus ansias contenidas de hacer escapadas, ir al cine, de excursión, etc…Todo ello en una mujer negra, de clase media baja, se crió en un apartamento de 80 metros cuadrados en un barrio modesto de Chicago, que superó brillantemente exámenes en instituciones de postín y fue una competente ejecutiva en el despacho de abogados. Su vida está llena de primicias, nieta de esclavos, negra, de extracción humilde, competente ejecutiva…Lo nunca visto en la Casa Blanca. El relato es convincente y, a menudo, iluminador.

La autora se contiene a la hora de atacar a quien de una u otra manera la denigró pero no faltan los alfilerazos a personas como el agudo escritor Christopher Hitchens y, con más rabia, a Donald Trump.

El libro desarrolla las cuestiones en las que empleó más tiempo e incluso cariño, la promoción de los jóvenes, convencer a las minorías de que, aunque partan en desventaja en la sociedad americana, con una buena formación y confianza en sí mismo se puede llegar a la cumbre, la lucha contra la obesidad, la necesidad de cambiar la dieta estadounidense, etc… Especial atención reciben sus esfuerzos por que los militares, especialmente los heridos en contienda, reciban la atención humana y los recursos que merecen. El tema aflora una y otra vez. Uno de los detalles que encontró más conmovedores fue que el personal de la casa Blanca le regalara al abandonarla la bandera que ondeaba en el edificio el día que su marido tomó posesión y la que se izó el día que cesaba. Igualito, esto del amor a la bandera, igualito que en España donde varios grupos políticos la consideran algo fascista y más de un dirigente autonómico se hace cruces con que el rey la mencione con rigor. ¿ Que esperan que el Jefe del Estado, no de la Casa Real, del Estado, se limpie los mocos con ella?

Con dos años de Trump y con dudosos candidatos demócratas que le puedan hacer frente en la próxima elección (¿Biden, el tejano Beto?) hay quien sugiere que con la señora Obama los demócratas cerrarían filas. Ella, en su libro apunta : lo diré aquí sin rodeos, no tengo lamedor intención de presentarme a un cargo público nunca”. Pero también escribe que “ la sangre le hervía de rabia al oír una grabación de Trump” y que los asistentes a la toma de posesión de Trump, a sus trescientos invitados, le vino a la mente que era poco probable que en la nueva casa Blanca se hiciera el esfuerzo necesario para unir al país.

Habrá que ver lo que le pide el cuerpo a la señora Obama el año que viene. Sería buena candidata.