Trump se anuncia con truenos

El Presidente americano viene a Europa y lo precede el ruido creado por el mismo. En su periplo está la madre patria, Gran Bretaña, Bruselas, es decir la Otan y Helsinki donde se verá con Putin. En época en que la guerra fría estaba bastante caliente Kennedy y Kruschef escogieron Ginebra, otra ciudad neutral, para una entrevista. Resultó tempestuosa. El ruso acorraló al joven y doliente americano. Este salió exasperado y le confesaría a un periodista amigo que había sido uno de los peores momentos de su carrera. El achantamiento del americano influyó en que en la siguiente confrontación, la crisis de los misiles en Cuba, Kennedy no vacilara en actuar con energía-en momentos en que se temió una guerra nuclear entre los dos colosos-forzando esta vez al ruso a retroceder. Nikita K., como consecuencia del ridículo, sería depuesto por el Politburó. Ahora, Trump, ayudado ostensiblemente por los hackers rusos en su elección, declara que la parada en Helsinki y su charla con Putin es la más sencilla de su viaje. “¿Quién lo iba a decir?”, ha apostillado.

Puede que sea una finta irónica, pero las otras dos escalas no son tampoco un camino de rosas. Dice que va encontrar en Gran Bretaña un país agitado y confuso y, en otra impertinencia hacia su anfitriona, la primera ministra May, se ha lanzado a piropear al recién dimitido Boris Johnson un político extrovertido y amante de los titulares que aspirando al puesto de May le ha venido problemas intratables desde el momento en que tomó posesión. La primera ministra ha pretendido mirar hacia otra parte, a semejanza de P. Sánchez con los desplantes de los separatistas, pero en ocasiones las ocurrencias de Boris resultaban difíciles de ignorar.

A los países aliados en la defensa,  les ha asimismo vuelto a mandar un recado al pie de su helicóptero: “La OTAN nos ha tratado mal. Pagamos demasiado y ellos demasiado poco. Vamos a tratar de arreglarlo”.

Los europeos se horrorizan del descaro del presidente de EEUU (“¿Mencionarnos la cartera? ¿Será deslenguado?”). Ya Obama se había referido a nuestra cómoda cicatería. Trump, como gusta a sus seguidores, no tiene casi nunca pelos en la lengua. Lo malo es que en esta ocasión, esto no es el medio ambiente ni la guerra comercial,  lleva razón; nuestro gasto en defensa no corresponde a lo comprometido por mucho maquillaje que pongamos. Los asesores de Trump saben sumar.

El yanqui llega además contento porque va a colocar otro magistrado conservador en el Supremo, algo que en Estados Unidos vale más que cinco todopoderosos senadores.