Hierro, Sánchez y el acercamiento

Con el presidente del Gobierno, como con Fernando Hierro, uno tiene los sentimientos encontrados. Uno recuerda sus pasados mediocres, el segundo como entrenador y el otro como político, pero al mismo tiempo estamos deseando, yo fervientemente, que no metan la pata. Que el seleccionador despeje acertadamente la incógnita del portero, que los jugadores que elija recuperen la velocidad y el gol y sobre todo que entren al campo sin un miedo que los agarrota en cuanto en los momentos iniciales hay una pifia o un susto que nos propine el contrario.

Ya en un tema más serio, la política, nuestro país vive un momento tan delicado, con, sobre todo, el problema catalán, amén del paro y las dos bombas de relojería de la emigración y las pensiones, que cualquier ciudadano, al que no le ciegue la fiebre partidista, quiere que el flamante presidente no yerre. Será bueno para España que es lo que nos importa.

Por eso, pasamos por alto el desliz verbal de Sánchez al hablar de quién va a dirigir la televisión y sus rimbombantes frases de que se ha agotado el tiempo en que el gobierno central agravaba la crisis catalana. También incongruencias como que apruebe unos presupuestos que decía aborrecer y otras parecidas, la de que iba pronto a convocar elecciones. Si ello hace a España más dignamente gobernable no hay que ponerse excesivamente escrupuloso.

Sin embargo, aunque no haya habido promesas a los independentistas, hay cosas que te dan un poco de dentera. Me detendré solo en el acercamiento. ¿Por qué esas prisas en acercar los políticos presos a Cataluña? ¿Por qué no se acercan a Andalucía mis paisanos que purgan sus delitos en Madrid o Cataluña? ¿Es más delincuente el que ha asaltado un chalet en Valencia sin causar daños personales que los que dado delante de la televisión un golpe de estado? ¿Se cree de verdad que los separatistas catalanes se van a contentar con esa y otro par fruslerías? Craso error. Que ingenuidad.

Más grave aún es lo de los etarras encarcelados. Tienen sangre en su historial y ni siquiera se han arrepentido. Entonces, ¿a cambio de que se hace este regalo al PNV? ¿Es el precio vergonzoso, aunque no se hubiera pactado, por el apoyo a los presupuestos y al gobierno? Y la comparación surge de nuevo. Los familiares de los etarras sufren teniéndolos lejos. Por supuesto, pero igual sufre una familia modesta de Canjayar que tenga un hijo preso en Zaragoza por otro delito. No se entiende que haya que premiar a los primeros cuyo pariente dejó huérfanos y viudas después de asesinar fríamente a alguien en un estado democrático. Los familiares de las víctimas del terrorismo pueden argumentar que ellos pagarían por tener que hacer unos centenares de kilómetros para poder ver a un ser querido. No los hacen porque el ser querido está en una tumba pudiendo tierra. Se lo mataron.

No es extraño que los familiares de las victimas encuentren el proyecto de acercamiento bochornoso y humillante y que quieran manifestarse en cuanto se inicie. Si lo hacen espero y deseo que las manifestaciones sean concurridas. El acercamiento, sobre todo si es generalizado, indigna a cualquiera que reflexione sobre ello.