El PP y la tentación de la venganza

Los diccionarios de citas están llenos de entradas sobre la venganza. Las hay de todos los gustos. El Partido Popular tiene donde escoger en función de su postura en la votación sobre los presupuestos en el Senado, Cámara que controla. En la mañana del martes cuando escribo parece que primaba la cita de Graham Greene: “un hombre tiene el derecho a la venganza por pequeña que sea esta; la venganza es buena para el carácter; de ella nace el perdón”. Algunos, sin embargo, se acogían al talante del día anterior: “la venganza”, en frase de Ghandi, “puede volverse contra ti, causará tu pérdida”.

Si continua avanzado la tesis del novelista británico el PP, reflejando el pálpito de bastantes de sus votantes,  recurrirá a un pretexto, legítimo o chapucero, para presentar enmiendas en el Senado a los presupuestos que hace días coció y defendió ardorosamente. Le impulsarían varios motivos: ver como en el Congreso el partido socialista, trabado por sus promesas para obtener el voto de de los vendedores del PNV, defendía con fuerza unos presupuestos que hace sólo ocho días le parecían una caca,  muestra del retroceso social del que se acusaba al PP. De otro, si se llegase a la solución de arañar una parte de lo prometido a los fenicios  vascos, hábiles en conseguir prebendas a cambio de su voto, conseguirían al menos dar una bofetada a los que para ellos son los mayores traidores de la última década.

El portavoz peneuvista ya se ha puesto digno y ha manifestado poco menos que esa postura pepera sería una desvergüenza que se volvería contra los populares. El PP está, pues, en un dilema: no quiere hacer el papelón de trabar sus propios presupuestos y quedar como poco serio. De otro, un número creciente de sus votantes dice que hay que dar una lección a los vascos pedigüeños por haber cambiado de chaqueta Dios sabe por qué.

El PP podría, si presenta enmiendas dilatorias o reductoras, encontrarse en la siguiente situación paradójica ante la opinión pública: un montón de españoles, ¿65-70%?, manifestaría que ya está bien de que los vascos nos tomen el pelo, de que mejoren, una vez más, su situación a costa de los demás por unos votitos que venden bien. Parece que aplaudirían.  Simultáneamente podría emerger una mayoría similar que opinaría que el PP no se ha portado como un caballero. Gustándole lo que visto, una mayoría seguiría criticando al autor de la acción. Así es España y así es la imagen  del PP.