Mujeres yihadistas a la horca

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El Isis se ha desmoronado militarmente en Irak y Siria aunque sus reservas económicas, según la prensa francesa sigan, siendo cuantiosas, lo que significa que, a pesar de haber perdido credibilidad y poder de atracción entre los jóvenes islámicos de países árabes o europeos, aún puede dar guerra.

Quien sufrirá las consecuencias de ese fracaso militar son los millares de terroristas que han caído en manos del gobierno iraquí. Las autoridades de Bagdad no parecen ser muy clementes en relación con estos yihadistas capturados y menos aún si estos son extranjeros. Parece que en la euforia de hace cuatro años más de 38.000 extranjeros, jóvenes en su mayor parte, engrosaron las filas del Isis. No pocos europeos. Según algunos servicios de inteligencia occidentales, unos 2.000 serían franceses y unos 800 británicos. Las cifras españolas serían mucho más bajas. Del total de capturados 1.000 serían mujeres, unas habrían seguido a su pareja, las menos acudieron inflamadas por el lavado de cerebro de algún iman. En estos días está en marcha un juicio sumarísimo de varias decenas de estas mujeres. Alguna vista ha sido despachada en diez minutos, no siempre el defensor ha podido hablar con la acusada y una cuarentena han sido enviadas al patíbulo.

Las garantías procesales son ínfimas, por no decir nulas. Las autoridades iraquíes, sin embargo, parecen encontrar el asentimiento y beneplácito de su opinión pública especialmente cuando se trata de terroristas, hombres o mujeres, extranjeros. Se cuentan casos de mujeres iraquíes que pueden alegar que fueron engañadas por algún familiar cercano u obligadas a unirse al Isis y el Tribunal ha considerado esto una poderosa atenuante y no ha fallado la pena capital. Con las extranjeras, la visión cambia. Si viajaron desde otros países, entraron a sabiendas ilegalmente en Irak y presenciaron las atrocidades de la turba terrorista sin pretender escapar (¿podían?) el caso para el Tribunal está lleno de agravantes y debe ser castigado con la pena máxima.

El asunto presenta, además, otros aspectos desgraciados. Varias, unos centenares, de estas mujeres que están en el corredor de la muerte y cuya pareja pereció o está huido tienen hijos de corta edad que quedarán desvalidos. Por otra parte, los países, islámicos u occidentales, que tienen súbditos en estas condiciones, no parecen saber qué hacer a la hora de pedir un juicio más razonable. Deben pensar que, ante la atrocidad de los crímenes del Isis y las profundas heridas que ellas han dejado en la sociedad iraquí, las posibilidades de ser escuchados son nulas.

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