Trump en el avispero de Siria

El Presidente estadounidense, como es costumbre, no ha tenido pelos en la lengua al reaccionar ante la utilización por el régimen sirio de armas químicas contra los rebeldes. Es la enésima vez que el gobierno de Assad emplea esta arma totalmente prohibida por las convenciones internacionales y el gobierno sirio, con la complicidad tácita de sus aliados, Rusia e Irán, ya tomó al pelo a Obama. El americano amenazó a Assad con actuar si cruzaba la línea roja química y, luego, pactando con Rusia, se replegó. No intervino porque el sirio se comprometió a eliminar su arsenal químico. Fue una burla, lo redujo pero no lo eliminó como prueba el bombardeo de hace unos días en que perecieron unas 50 personas y hubo decenas de heridos. Las imágenes son espantosas.

Trump, que criticó abundantemente a su predecesor tanto cuando trazó la línea roja como cuando optó por contemporizar, se lanza ahora, instigado incluso por bastantes políticos de su país, a proclamar no solo que esto no puede quedar impune, sino que los responsables, entre los que parece incluir a Rusia e Irán, “pagarán un precio considerable”. Todos ellos, ha indicado.

Son estas palabras mayores. La acción siria, es atroz, más aún si consideramos su reiteración. Sin embargo, como señalan muchos comentaristas yanquis que simpatizan con una reacción de su gobierno, ¿qué sentido tiene darle una sonora bofetada al autócrata Assad si no va seguida de una “estrategia diplomática coherente”? Un ataque aislado por sonado que sea no sirve de escarmiento.

De otro lado, Rusia, que cobijando a Siria ha vetado varias resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, poniendo una vez más de manifiesto la inoperatividad de este órgano internacional, está demasiado involucrada en ese país para permanecer indiferente ante un ataque de Washington. Ha trascendido que dispositivos rusos están bloqueando con no escasa eficacia las señales que los drones americanos reciben de un satélite cuando vuelan en misiones de reconocimiento. Atacar un objetivo en el que haya efectivos rusos podría desembocar en una escalada. Avisar a Moscú, que pasaría la información a su aliado, puede minimizar los resultados del castigo.

Trump está en el avispero en el que no quería meterse. Ha reclutado como Consejero de Seguridad a un conocido halcón John Bolton que debuta esta semana. El presidente cancela un viaje a Perú y no por una crisis interna conocida. Tiene además problemas legales internos de los que le interesa apartar el foco informativo. Es improbable que no ocurra nada en las próximas horas. La incógnita es el alcance de lo que haga.