Estupor, incluso pasmo, nacional

Romeva

Leer los periódicos estos días  es quedarte boquiabierto a cada instante. Si uno mira hacia Cataluña, las sorpresas, a pesar del momentáneo descarrilamiento del proceso independentista, no dejan de asombrarte. Vemos que el otrora serio La Vanguardia sigue en titulares calificando de presidente a Carles Puigdemont, que el citado expresidente dice en rueda de prensa que hay otras formas de arreglar el tema catalán diferentes de la independencia para añadir en el mismo acto que se arrepiente de no haberla declarado del todo cuando la suspensión.

No menos patético es comprobar lo que intuíamos, el departamento de exteriores de la Generalitat venía opíparamente buscando acuerdos con organizaciones extranjeras que avalasen y dieran cobertura a la celebración de su fallido referéndum. Los sueldos para esos observadores foráneos, ¿y las prebendas a periodistas?, eran, por supuesto, opíparos. El señor Romeva no iba a escatimar un puñado de decenas de miles de euros  si con esto lograba un eco, pequeño o grande para su causa ilegal. Y aún habrá quien se queje de que el gobierno español haya cerrado esas mal llamadas “embajadas catalanas”.

Si uno mira hacia el norte también se sobrecoge. Ver a un importante dirigente nacionalista vasco en un acto público luciendo un lazo amarillo de solidaridad con los golpistas catalanes también te deja patidifuso. Esto puede ocurrir en algún país, pero simpatía ostensible con personas que han intentado conscientemente dar un golpe de estado, pero no en muchos. Es deprimente.

Lo resulta más aún la actuación de la alcaldesa Carmena y alguno de sus concejales en el asunto del mantero. La inefable Carmena, cuando ya había trascendido que el pobre senegalés había muerto de un ataque al corazón, cuando aún encontrándose en París ya le había llegado que había varias versiones sobre el suceso, se apresura con una infausta declaración, a poner en tela de juicio la actuación de su propia policía. De regreso a Madrid se esconde un par de jornadas  para acto seguido defender la actuación de concejales podemitas que contra toda evidencia siguen cargándole el muerto a la policía que, en realidad sólo intento ayudar al fallecido. La manifestación de uno de esos concejales en el sentido de que era un día triste para España y que se había violado la democracia y los derechos humanos (¡!!) da casi risa si no fuera algo trágico.

Uno se pregunta cómo, cuando ha resultado evidente que el fallecimiento fue un hecho fortuito causado por la cardiopatía del muerto haya aún políticos, por demagogos que sean, que sigan tergiversando la realidad. Y periodistas que hagan lo propio. Que país, Miquelarena.

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