La quimera de la diplomacia del deporte

Las ciudades de la Grecia antigua interrumpían sus luchas armadas implantando la tregua olímpica durante sus Juegos atléticos. Hace más de un siglo el francés de Coubertin fomento la resurrección de las Olimpiadas con el piadoso objetivo de impulsar la amistad entre las naciones.

No siempre, con todo, los deportes han traído la paz. Hubo una guerra del fútbol (Salvador versus Honduras) y la creciente utilización política del deporte ha creado, con frecuencia, animosidades.

Los recientes Juegos de invierno en la coreana sudista Pyeongchang han significado un importante intento de restañar heridas. En este caso, entre las dos Coreas, la totalitaria del Norte y la democrática y floreciente del Sur, separadas desde hace unos 70años. Las características execrables del régimen del norte que impide a la gente viajar y penaliza cualquier contacto entre sus ciudadanos y sus parientes, a veces cercanos, del sur, han hecho que la participación de atletas norteños en los Juegos haya constituido una ocasión de emotivo reencuentro y de deshielo momentáneo en las ásperas relaciones entre los dos países. El deporte, al menos fugazmente, ha funcionado como puente entre comunidades.

La anfitriona Corea del Sur ha hecho enormes esfuerzos para que los Juegos Sean un éxito. Ha cerrado los ojos a que su vecina, después de entonar himnos por la paz, enviase como jefe de la delegación a un general Kim Yong-chol sospechoso de haber hundido en el 2010 a un mercante del Sur con pérdida de vidas humanas, ha aplaudido que las dos Coreas formarán un único equipo de hockey sobre hielo- que tuvo una pobre actuación aunque cuando logró un escuálido gol contra Japón los espectadores enfervorizados gritaran “Somos uno”-y ha camuflado la escasa venta de billetes en abundantes pruebas llevando gente a los estadios.

También las autoridades olímpicas han cerrado los ojos. Rusia no podía participar como nación por haberse descubierto en estos años una red de dopaje aparentemente gestionada por las autoridades moscovitas. Con todo, los rusos acabaron mostrando su bandera y de los cuatro atletas cazados dopados durante los Juegos dos eran rusos.

Las fotos más comentadas del evento han sido las del Vicepresidente estadounidense Pence sentado muy cerca de la hermana del dictator norcoreano en fechas en que Trump anunciaba el aumento de las sanciones a Corea del Norte y la del esquiador acrobático Gus Kenworthy besando a su novio.

Corea del Sur consolida su status de país avanzado. Ya ha albergado unas Olimpiadas, ahora las de invierno y un Mundial de Futbol (aquel en que nos atracaron con premeditación). Sus 17 medallas llenan de orgullo al país. En cuanto al futuro con su hermana del Norte todo dependerá de la actitud del dictador de ese país. Hasta ahora, ha continuado con su programa nuclear a pesar de haber prometido que las ayudas económicas del Sur, de Estados Unidos, etc… lo detendrían. Está por ver si el impulsivo Trump frena a un político que, con su armamento, puede arrasar en minutos la muy poblada Seúl y otras ciudades surcoreanas.