El pacifismo a la carta español

Las noticias letales de Siria no cesan. Ayer, un ataque gubernamental contra una población rebelde (Guta) atestada de civiles causó un mínimo de cien muertos, de los cuales unos 22 niños.

El conflicto sirio ha provocado ya unos 370.000 muertos y literalmente millones, ¿tres, cuatro?, de refugiados. Es un hecho comprobado que el régimen de Assad, estrechamente apoyado por Rusia, ha utilizado en diversas ocasiones armas químicas para reducir a los insurgentes y paralelamente desmoralizar a una población determinada. La ONU lo atestigua, ha hablado en un par de ocasiones de “crímenes de guerra”, y esa conducta repulsiva fue en su momento denunciada por Obama cuando proclamó  que la neutralidad estadounidense cesaría si el gobierno sirio hacía uso de armas químicas. Las usó y Obama no hizo nada; ahí brotó la desconfianza hacia el Presidente de sus aliados árabes tradicionales.

El ataque de Guta ha producido indignación en la ONU, Unicef ha publicado incluso un comunicado en blanco, con sólo una línea donde se condena la muerte de los menores de edad.

El contraste de la reacción occidental y española ante los luctuosos y continuados sucesos sirios con lo vivido durante la guerra de Irak es clamoroso. En España aún más. En aquella ocasión, calentada la opinión pública contra Bush y Aznar, hubo manifestaciones multitudinarias, editoriales constantes en la prensa, en nuestro país una protesta airada e inusitada de los  cineastas, etc... Ahora el silencio absoluto. La gente hablará más de que Guardiola se irritó con la derrota de su equipo ante un tercera división en la Copa inglesa, casi llegó a las manos con su rival,-o de las razones peregrinas dadas por Pedro Sánchez para no apoyar a Guindos en su carrera europea mientras otros socialistas de la Unión si lo hacían.

El tema de Siria hastía y aburre, también a los cineastas.  Es posible que haya diferencias entre los sucesos de Irak y los de Siria, el principal que ahora España no apoya la intervención, ahora bien el número de muertos es brutalmente mayor en esta ocasión, la barbarie dura más tiempo y ni una pancarta, ni una manifestación ni personas coléricas llamando a la radio. Estamos de nuevo ante un dictador, también ante una gran potencia que lo apoya (Rusia), y miles de personas inocentes pereciendo. Estas no importan.