Los Globos de Oro y Oprah for President

La ceremonia de los Globos de Oro en Hollywood este año ha sido feminista y politizada. Concedidos por la Asociación de periodistas extranjeros en Hollywood, los premios son, con relativa frecuencia, una antesala de los Oscars.

La velada iba de reivindicaciones. Actrices y muchos actores vestían de negro para protestar por el acoso sexual que han sufrido abundantes mujeres del mundo del espectáculo amenazadas con no obtener papeles si no cedían a los avances sexuales de los jefazos, productores, directores o incluso actores. Irónicamente en la misma fecha de la ceremonia el actor James Franco, aspirante a uno de los premios, era acusado de acoso por tres diferentes actrices. El presentador Seth Meyers ha dado lanzadas contra el inevitable Weinstein, el depredador empedernido que lo empezó todo, Kevin Spacey y hasta Woody Allen.

Nicole Kidman, ruinosa en la taquilla según las productoras pero premiada por la serie “Grandes mentirijillas”, entonó un himno a la capacidad de las mujeres para cambiar las cosas, “lo podemos lograr por las historias que contamos y por cómo las contamos”. Piadosa pero no sabemos si realista conclusión.

Los titulares, sin embargo, los ha casi acaparado la actriz, presentadora y productora Oprah Winfrey, negra simpática y multimillonaria que convierte en oro casi todo lo que toca. En su discurso, bien construido y emotivo, “soy nieta de una sirviente que tuvo que soportar demasiado porque tenía hijos que alimentar y facturas que pagar”, ha dado a entender que podría entrar en la carrera presidencial en las próximas elecciones. El propósito, sólo esbozado, ha producido sensación. Muchos de los que odian a Trump, que no son pocos, creen que una persona con el carisma de Oprah, conocida .por la totalidad de los televidentes del país, cuenta con posibilidades de desplazar al ególatra y errático millonario. Otros piensan que sería una locura sustituir al demagogo Trump por una persona más sensata y menos populista pero con un desconocimiento sideral de las cuestiones de gobierno, de cómo funciona la administración y de la temática internacional. No lo hagas, Oprah dice alguien después de expresar su simpatía personal por la vedette televisiva. Que surja, sin rechazo generalizado, el nombre de Oprah muestra el desconcierto del partido demócrata que después de haber pinchado con Hillary Clinton, era, se dice ahora, una pésima candidata en aquel momento, no acaba de encontrar una persona que no sea de edad provecta, que no tenga una sosa imagen y que, por lo tanto, sea capaz de generar ilusión. La llama de Oprah no se ha apagado.