El “seny” catalán se fue de (largas) vacaciones

Estudié el bachiller con jesuitas, muchos de ellos catalanes. Buena gente y buenos profesionales. Alguno de ellos nos enseñó que una de los ingredientes principales del carácter catalán era el seny, la sensatez. Juzgándolos a ellos me pareció una afirmación correcta.

Desde hace un par de años me cuesta trabajo, sin embargo,  aceptar que lo que distinga colectivamente a los catalanes sea su profunda sensatez. Una sociedad en la que una parte considerable cree a pies juntillas que España les roba, que la asfixia culturalmente, que una consulta electoral sin garantías en la que se puede votar ocho veces es un referéndum legítimo aunque esté prohibido por la Constitución y los jueces; que tacha de fascista a una persona que lleve los colores de España, que no concede excesiva importancia a que un cafre separatista mate a una persona por llevar unos tirantes españoles( aunque no lo aplauda); que no se percata de que sus dirigentes, uno de ellos irresponsablemente huido, los han engañado diciendo que las empresas no se marcharían y no habría consecuencias económicas, lamentablemente las hay (¿cabe mayor ceguera?); que no saldrían de la Unión Europea (¿cabe mayor demagogia o ignorancia?). Una sociedad en la que toda una vicerrectora de la Universidad de Girona, la señora Gema Geis se atreve a escribir que el “tripartito constitucionalista” no debería ganar las elecciones porque no sabría una que contestar a sus hijos cuando preguntaran: “mamá, ¿nos dispararán?”. Una sociedad en la que una parte sustancial de la misma se niega a percatarse de que sus últimos dirigentes han creado una división dolorosa entre multitud de familias catalanas, entre amigos y compañeros de trabajo. Una división seria y que tardará mucho en cicatrizar.

Un sociedad, o una parte no despreciable de ella, que no quiere ver nada esto y va a abrazar de nuevo electoralmente a los que han creado enloquecidamente este desaguisado no es un sitio en el que el seny, la sensatez impere. El seny se ha ido de viaje y no sabemos por cuánto tiempo. Y me resisto a creer que pueda dar lecciones de sensatez a mis paisanos de Almería, a los de Vigo, a los de Valladolid o a los de Tenerife.