Sijena y la cátedra de victimismo

Cualquier movimiento político del planeta que quiera aprender como se inventa un agravio para utilizarlo de forma rentable como baza política debería pasar unos meses en Barcelona. La actual Generalidad y los partidos independentistas pueden dar abundantes lecciones magistrales sobre el tema. Lo han inventado todo.

El caso de las obras de arte de Sijena es un excelente ejemplo del asunto. Dos sentencias judiciales, no una decisión del gobierno casposo de Madrid como ellos presentan, declaran que las obras deben volver al pueblo de Aragón donde estaban durante siglos y del que fueron sacadas irregularmente. Dos sentencias judiciales, no una decisión de los “franquistas de Madrid”. Los separatistas catalanes que vieron muy natural que el archivo de Salamanca fuera troceado de documentos referentes a Cataluña ahora se rasgan las vestiduras porque bienes inequívocamente aragoneses regresan a Aragón después de 40 años. Se pide a la gente que salga a la calle, la policía debe intervenir y el expresidente Puigdemont dice nada menos que estamos ante “un golpe de estado para expoliar a Cataluña”. No cabe mayor manipulación de los hechos.

La grave moraleja de este asunto, y por lo que puede ser estudiado por los aspirantes a victimistas de otros países,  no es que los dirigentes independentistas proclamen groseras falacias, que retuerzan la realidad. Que se muevan dentro de la superchería. Lo serio, lo grave es que lo hacen porque saben que centenares de miles de catalanes están dispuestos a creerlos sin pestañear. Es decir, que, sembrando animosidad, tirria, contra el resto de España, pueden tener réditos electorales. No me extrañaría que Sijena les diera un puñadito de votos en las próximas elecciones. Esa es la lección de este incidente: cualquier supuesto agravio, por falso que sea, es engullido sin problemas por un porcentaje no despreciable de la población. Hace 30 años esto no era así. Es producto de tres décadas de intoxicación educativa y  televisiva.

Ese lavado de conciencia colectivo es lo que explica que, en campaña electoral, el candidato socialista entre de nuevo en el equívoco afirmando que la devolución a Sijena es precipitada.