Trump logra marcar

Narcisista y bravucón, el Presidente de los Estados Unidos alardeaba hace días de haber conseguido más logros legislativos en un año que sus predecesores. Estaba fabulando, su cosecha en estos once meses en el poder ha sido bastante escasa.

Sin embargo, en las postrimerías del 2017 parece que va a conseguir dos cosas, controvertidas pero punteras en su política.

La primera en el tema migratorio. El Tribunal Supremo de Estados Unidos, corrigiendo a instancias inferiores, ha fallado que es válida la negativa de Trump de conceder visado a los ciudadanos de varios países islámicos (Chad, Yemen, Irán, Somalia, Libia, Siria). El Presidente hizo un primer intento al principio de su mandato con una orden ministerial que en sus detalles era un disparate. Frenada por varios tribunales volvió a la carga meses más tarde después de aligerar el texto de varias regulaciones claramente injustas. Nuevo parón judicial. Ahora la instancia suprema ha validado el decreto de Trump, curiosamente, con una clara mayoría 5-2. Una de las magistradas nombradas por Obama, Sonia Sotomayor ha votado con la minoría en contra. Otra Elena Kagan lo ha hecho con la mayoría.

Varias acreditadas asociaciones de derechos humanos han manifestado que el texto es inhumano y discriminatorio y dicen que seguirán luchando para abolirlo, dos Tribunales de Apelación, el de Richmond y el de San Francisco van a ser oídos por el Supremo pero la norma puede ser ya aplicada y Trump, inmerso en numerosos problemas, está exultante.

Enorme calado político y económico tiene la segunda noticia. Las dos cámaras de Estados Unidos dan luz verde a una reforma fiscal de singular trascendencia. La votación en el Senado ha sido muy disputada y siguiendo líneas partidistas. Los 52 republicanos se han pronunciado a favor, hasta enemigos de Trump como Mac Cain y algún otro que ha tenido trifulcas verbales con el Presidente se han plegado, y si, como se cree hoy, Senado y Casa de Representantes paren un texto consensuado, la fiscalidad en Estados Unidos experimentará un cambio sonado, las empresas, por ejemplo, tributarán un 20% en vez de un 35% de los beneficios. Es justamente lo que había predicado Trump en la campaña.

El fin de año, en el que Trump puede aún meter la pata en política exterior con el traslado de la Embajada yanqui de Tel Aviv a Jerusalén, tiene tintes rosados para el Presidente. Es dudoso que los tenga para muchos de sus compatriotas. Alguien dice que es una reforma para ricos y que el déficit aumentará espectacularmente