Explicar lo inexplicable

No todas las afirmaciones chocantes de estos días proceden de los separatistas catalanes aunque las sigan prodigando. La lista de sus trolas es interminable. Tanto que hasta varios sacerdotes se atreven a proferirlas. Que un cura de la visitada Sagrada Familia se atreviera a comenzar una misa el domingo siguiente al referéndum-chapuza con la frase  “Dios bendiga a la legal y libre República de Cataluña” es sintomático.  El sacerdote se adentraba con entusiasmo digno de mejor causa en una manifestación voluntarista, hiriente para bastantes fieles.

Más llamativas fueron las afirmaciones de diversos políticos independentistas en el sentido de que ninguna empresa  abandonaría Cataluña. A la vista de lo ocurrido, su rotundidad verbal resulta patética. Las explicaciones dadas a posteriori son infantiles. Mayor grado de hilaridad es la explicación proporcionada por ANC y la inefable Colau para que la gente entienda que la Agencia del Medicamento europea no aterriza en  Barcelona. La culpa sería de Madrid y de la aplicación del 155. La justificación es totalmente cínica. ¿Puede una persona con dos dedos de frente imaginar que, aunque no hubiera habido 155, los políticos europeos que trasladaban la Agencia porque Gran Bretaña va a salir de Europa podían llevarla a una ciudad cuyos dirigentes estaban dispuestos a abandonar la Unión Europea en pos de la quimera de su independencia? La realidad es terca pero ciertos dirigentes no quieren que la realidad mate su sueño y venden humo que más de uno les compra.

Como no pueden estar solos en sus esfuerzos por justificar lo inexplicable traigamos hoy a estas líneas la actitud del PSOE en relación a  la educación en Cataluña. El partido socialista no parece muy convencido de que las instituciones educativas catalanas practiquen un adoctrinamiento separatista, moderado o  desaforado, que influye en la mentalidad de los jóvenes. Sin embargo, son innumerables los que viviendo en Cataluña aseguran que la educación y la televisión catalana minusvaloran a España, siembran el supremacismo de los catalanes y se han convertido en una fábrica que produce año tras año una rica cosecha de independentistas.

Atajar esta constante tergiversación de la historia y de la realidad española es ciertamente difícil. Cerrar los ojos a la misma es bastante incomprensible. Si la situación persiste, será interesante ver como el PSOE explicará, en el 2027, que en diez años haya crecido enormemente de forma ineluctable y tal vez fatídica  el número de jóvenes independentistas. ¿Oiremos que la culpa es de Aznar y de la falta de sensibilidad del PP?