¿Podía Bélgica dar asilo al embustero?

En puridad, podía. Los miembros de la Unión Europea otorgan a sus socios la condición de estados seguros, es decir en los que impera la ley democrática y no hay perseguidos políticos. Sin embargo, un anejo al Tratado de Ámsterdam, el protocolo 24, admite muy excepcionalmente la posibilidad de poder conceder asilo a un ciudadano comunitario. Muy excepcionalmente en cuatro supuestos, siendo los tres primeros a) que el estado de origen hubiera impuesto el estado de excepción, b) que el Consejo Europeo investigase sobre el respeto a los derechos humanos o c) que concluyese que se estaban violando. Nada de esto es aplicable actualmente.

Hay, no obstante, un cuarto supuesto en el que un estado puede decidir por sí ante sí que puede conceder el asilo. Debe informar al Consejo, este puede advertirle que su postura no es correcta, pero el estado es soberano para decidir.

Esto es lo que debieron contarle a Puigdemont. Que existía la posibilidad. No le contaron que ningún estado haya activado este supuesto hasta el momento; no hay precedentes. Tampoco que el Estado belga tiene bastantes problemas actualmente, con un Gobierno de inestable coalición al que el asunto dividiría profundamente, y no se va a meter en camisa de once varas dando asilo al errático y “mártir” (según algunos, entre otros a un columnista del New York Times) expresidente, enemistándose gratuitamente con España y haciendo enarcar las cejas a los jerarcas comunitarios. Dirk van den Bulcke, que dirige el organismo belga competente, había comentado que para considerar el asunto era preciso que “hubiera señales fundadas de persecución y se diera la imposibilidad de obtener protección en el país de origen”.

Esto no se da en el caso y Bélgica, pues, no le concedería el asilo aunque el Gobierno de aquel país podría hacerlo.

Puigdemont ha vuelto a montar un numerito, en principio, estéril. Para muchos españoles, y entre ellos bastantes catalanes, ha hecho el ridículo y mostrado un talante cobarde. Sigue mintiendo como cuando dice que todo el problema se desencadenó con la brutal actuación del día 1 de octubre. Por supuesto que en su rueda de prensa no menciona que casi todo se desencadenó tres semanas antes cuando su parlamento aprobó dos leyes disparatadas y flagrantemente inconstitucionales. El Gobierno español fue bastante paciente.

En Bruselas las instituciones comunitarias no le han dado bola aunque él ha pregonado cínicamente que Europa debe reaccionar “porque lo que está en juego son los valores en que se basa la Unión: democracia, libertad, no violencia...”

Su catarata de falsedades -como la de que puede volver si no tiene garantías- es, con todo, escuchada por más de uno. En la abarrotada sala de prensa de Bruselas, alquilada con nuestro dinero para la ocasión, había muchos periodistas. No pocos, no nos engañemos, comprarán el victimismo y el mensaje “democrático” y buenista del expresidente catalán. Y tiene pregoneros de relieve, como el inefable entrenador Guardiola, que expandirán su falacia desde púlpitos privilegiados. Esta finalidad mediática era otro objetivo del viaje.