Hollywood: bragueta, dinero y política

Harvey Weinstein

La oscarizada actriz Judi Dench bromeaba hace años diciendo que se había hecho un tatuaje en el trasero en el que ponía “Judi ama a Harvey”. Reconocía así que  Harvey Weinstein le había dado papeles de sueño (la reina en “Shakespeare in love”, etc…). Ahora encuentra horripilante el comportamiento del laureado productor.

Los convincentes reportajes del New York Times acusando al magnate cinematográfico de haber acosado sexualmente a numerosas actrices, e incluso abusado de alguna de ellas, han producido un terremoto en Hollywood y también en el universo político de Estados Unidos.

La compañía que Weinstein dirigía con su hermano, quizás la más importante de las independientes, logró varios Oscar y hasta recientemente hizo mucho dinero. Los tres últimos años han sido más magros en ingresos lo que quizás ayude a comprender que, destapada su abusiva rapacidad sexual, las lenguas se desaten, el potentado es menos temido.

El escándalo Weinstein tiene una inusitada cobertura en los medios televisivos y de prensa de Estados Unidos. Hay muchas disquisiciones económicas, ¿resistirá su compañía el descrédito?, y sociales y políticas de todo tipo. La primera consideración es sobre el silencio dilatado sobre el tema. Mucha gente sabía que eso estaba ocurriendo, hubo alguna denuncia, y la especie  era sofocada. ¿Temor al poder de Weinstein? Incluso ahora, con los hechos prácticamente probados y cuando varias actrices, Angelina Jolie, Rose McGowen, G. Paltrow, Ashley Judd, han manifestado que ellas sufrieron esos embates, muchos en Hollywood rehúsan hacer comentarios. La actriz Jessica Chastain se indigna cuando en la prensa se pide que las mujeres denuncien el asunto.  ¿Y por qué no los hombres si también lo sabían?, repite. El periodista Ronan Farrow ha denunciado  la vergüenza en la revista New Yorker y ha confesado que en la televisión en que trabaja, la progre NBC, no quisieron hacerse eco del tema.

Entra en escena la política. Weinstein era un progresista que daba dinero a causas feministas paralelamente a sus fechorías sexuales  y que estaba ligado a políticos demócratas. Financió  campañas electorales de varios progresistas, en su compañía trabajó como becaria la hija de Obama, etc... Los republicanos han encontrado un filón. Piden que los políticos demócratas cuyas campañas sufragó devuelvan el dinero -alguno como Elizabeth Warren lo ha entregado ya a una entidad benéfica-, pregonan que la izquierda era muy beligerante cuando Trump dijo que había manoseado a una mujer en un ascensor y ahora guardan silencio. Los conservadores hasta escarban en la campaña electoral y en la derrota de Hillary Clinton. Era una feminista convencida, se arguye, pero se pegó un tiro en el pie defendiendo las infidelidades de su marido y su conducta en el caso Lewinsky. Eso, concluyen, explica que las votantes blancas en la última elección la abandonaran y se inclinaran paradójicamente por Trump (53% de ellas habrían votado al republicano y 45% a Hillary).

Sobre el autor de esta publicación