Rusia en la era de Putin

Volver a visitar Rusia al cabo de quince o veinte años es una sorpresa. El país se ha occidentalizado y progresado enormemente. Moscú impresiona por sus cuidadas avenidas y calles, el país no es barato para el turista, pero hay restaurantes agradables y de precios no astronómicos, el servicio ha mejorado de forma espectacular, no hay miradas de desconfianza ni malos modos, las personas que te sirven, sonrientes, destilan amabilidad y, con mucha frecuencia, se defienden en inglés. Hay tics del pasado autoritario pero cada vez más escasos. Qué diferencia con otras épocas en que en el hotel en que te hospedabas, con las matronas vigilantes en cada planta, se te consideraba sospechoso de cualquier cosa. En los comercios hay absolutamente de todo, las colas desaparecieron, la gente se instalaba en cualquiera que se formara, porque siempre podía comprar algo que escaseaba y que era bueno para él o para canjearlo por otra cosa con un familiar. No es raro que las dos ciudades importantes rusas, con muchas cosas que ver, estén atestadas de turistas.

En Moscú y San Petersburgo los abundantes transeúntes, con un considerable número de jóvenes bien parecidas, ya no visten zarrapastrosamente sino que podrían darle clase a bastantes españoles.

Políticamente, Rusia es una democracia controlada. Bastante controlada. Putin sigue siendo muy popular. Ha devuelto a un pueblo muy nacionalista el sentimiento de que con Rusia no se juega, de que es una gran potencia tan poderosa como la primera, y, además, para el ruso medio, inquieto con las incertidumbres económicas de la era de Yeltsin y de Gorbachef, del que la gente prefiere olvidarse, Putin representa la estabilidad. Su control sobre los medios de información es un tanto apabullante tanto al informar de la política exterior como de la interior.

En lo que la actitud no ha cambiado respecto a la época de la guerra fría es en la visión negativa de Estados Unidos, país admirado de un lado y muy resentido de otro. Los medios de información rusos, en buena medida al dictado del poder, no pierden ocasión de presentar a la otra gran potencia como chulesca, avasalladora e hipócrita: la salida de Ucrania del regazo ruso es una asechanza de Washington -no hay consideraciones sobre que Moscú está creando problemas a la estabilidad de Ucrania-, en el conflicto originado por la política nuclear de Corea del Norte se imputa la responsabilidad tanto a los norcoreanos como a la reacción agresiva de Estados Unidos, la televisión no pierde ocasión de mostrar rasgos censurables del país más importante del mundo, así, por ejemplo, el sempiterno reportaje sobre la facilidad nociva con que los estadounidenses pueden adquirir armas etc…

Por otra parte, da la impresión de que Trump, respetado hasta hace poco por su pequeña luna de miel con Putin, va a ver como pronto se abre del todo la veda sobre su persona.