Putin-Trump: primer asalto

La reunión del G-20 esta semana en Hamburgo puede tener varios encuentros estelares. Será el debut de Macron y el presidente francés, estudioso de los gestos y de la pompa dosificada, no defraudará.

Los focos, sin embargo, estarán más centrados en Trump, otro debutante. En su agenda cuenta con varios encuentros importantes. Sus relaciones con la anfitriona, la señora Merkel, son manifiestamente mejorables, los arrumacos con el Presidente chino han perdido intensidad -Trump va a vender muchas armas a Taiwán y se ha convencido de que el chino Xi Jinping no va a retorcerle el brazo a la pérfida Corea en el tema nuclear- y con el ruso Putin hay mucha tela que cortar y que parchear.

Este último será el encuentro más analizado y esperado ¿Sacará Trump, para hacer boca, el tema de las interferencias rusas en la campaña electoral americana? Hay mal pensados que deducen que sin la intervención de los hackers rusos Trump no sería presidente de Estados Unidos. La deducción es probablemente exagerada; nadie duda, sin embargo, de que la injerencia existió y que la intencionalidad era perjudicar la candidatura de Hillary Clinton que era claramente detestada por el Kremlin. La cuestión es incómoda para Trump. No es agradable sacar una trapacería cuya finalidad era favorecerte y, de otro lado, puede resultar peliagudo no abordar un tema que afecta a la seguridad de Estados Unidos. Por mucho que Putin se haya reído al ser entrevistado por una televisión de Estados Unidos descartando el manejo  de los hackers políticos por su gobierno, todos los servicios de inteligencia yanquis y occidentales creen que Moscú dedica muchos especialistas y recursos a estos manejos.

Luego, como cuestiones a abordar, están lo que el ruso Lavrov llama “irritantes” y los americanos los “temas menores”. La de las sanciones por lo de Ucrania no es insignificante. Por mucho que los allegados a Trump contaran a la Embajada rusa en Washington que, si el magnate ganaba, las sanciones serían suavizadas, el hecho no sólo no ha ocurrido sino que el Congreso yanqui en una primera votación las ha refrendado masivamente. La imposición de las sanciones tiene varios huecos, Repsol firmaba estos días un acuerdo con la mayor petrolera rusa, pero la economía del país eslavo se viene resintiendo.

Hay más así como agravios de diverso tipo. Obama, por la injerencia rusa en Ucrania,  prohibió a la Embajada eslava en Washington utilizar dos mansiones de recreo de que disfrutaba cerca de la capital americana. Trump no ha cambiado la situación. Rusia, por su parte, continúa no autorizando la adopción de niños rusos por ciudadanos de Estados Unidos.

En Hamburgo habrá más meollo que en otras reuniones del G-20. Lo que no cambiará será le llegada de un puñado de miles de manifestantes dispuesto a reventar el cónclave denunciando a “los ricos del planeta”.