Suspiros por inhabilitar a Trump

Trump

Cada país tiene sus titulares de prensa y en Estados Unidos, hoy, la atención está concentrada en averiguar si el Presidente Trump tuvo un desliz imperdonable proporcionando información al ministro ruso sobre la lucha contra el terrorismo que desarrolla Estados Unidos. Algún político de la oposición manifiesta que habría que inhabilitar al Presidente.

La reacción es un tanto precipitada. Trump puede alegar, ya lo ha hecho, que la Constitución autoriza al Presidente de los Estados Unidos a decidir que cuestiones son información reservada y cuáles no y, por otra parte, puede aducir que intentar buscar una colaboración con Rusia en el tema del terrorismo, en cómo proteger los vuelos comerciales etc…puede ser bueno para los Estados Unidos.

Lo malo para Trump es que podría haber revelado a los rusos cuál es el país que ha proporcionado jugosos datos a Estados Unidos sobre un plan para hacer saltar un avión con material escondido en ordenadores portátiles que llevarían ciertos pasajeros. Esto es una clara indiscreción diplomática porque el país informante se puede sentir traicionado y más expuesto a los ataques terroristas.

Constitucionalmente, el hecho, pues, no sería excesivamente grave. Pero llueve sobre mojado. Varios senadores demócratas y ciertos grupos organizados señalan que la lista de agravios de Trump en tres o cuatro meses, destroza cualquier precedente: no ha revelado su declaración de impuestos, no se ha alejado completamente de sus negocios, ha hecho caso omiso de alguna legislación, ha destituido fulminantemente al Director del FBI cuando este estaba enfrascado en averiguar los tejemanejes de los rusos con los colaboradores de Trump durante la campaña electoral... La lista es larga. No parece, con todo, que ninguno de estos pecados entre dentro de la categorización que la constitución establece para inhabilitar a un Presidente. El texto indica: “traición, soborno u otros graves delitos o faltas”...

En la historia de Estados Unidos ha habido dos intentos de inhabilitar al primer mandatario: Andrew Johnson en 1868 y Bill Clinton en 1998. Este estuvo al borde del abismo. La Casa de Representantes votó afirmativamente. Luego al pasar la cuestión al Senado, que cuenta con 100 miembros, 60 se pronunciaron por el castigo. No bastaba, la Constitución afirma que para que se produzca el “impeachment” (inhabilitación) hacen falta dos tercios, es decir 66 senadores.

Trump tiene un Congreso con mayoría republicana en las dos Cámaras. Por el momento, es harto improbable que la moción de inhabilitación prosperara. Pero como suspiran los enemigos de Trump, si la opinión pública se hartara del Presidente, los republicanos tendrían que considerar el asunto.  No estamos ahí.

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