¿Quién disfruta con lo de Macron?

Putin está mustio con los resultados. Bruselas, esa trama funesta para los populistas, está eufórica. Las Bolsas de valores también. Nuestro Rivera, entusiasmado. En Estados Unidos parece que Trump no ha brindado con regocijo, pero sus asesores, que a menudo, van por derroteros no idénticos a los del Presidente, deben estar aliviados.

Las empresas de encuestas se encuentran entre los que sonríen. Por primera vez, desde hace tiempo, han calcado los resultados. Los cuatro primeros han entrado en el orden pronosticado. Sólo han pifiado levemente en la dimensión del  batacazo de los socialistas, un ridículo quinto puesto, el resultado más bajo de ese partido desde hace unos cuarenta años.

Para el final de la carrera apuestan de nuevo por Macron. La señora Le Pen es buena en el debate en la tele, más atentados podrían favorecerla, pero las encuestas apuntan a que el joven centrista-socialista puede sacar entre 60 y 64% de los votos. Que el Kremlin ande cabizbajo es normal. El ganador de la primera vuelta es el candidato que más claramente ha defendido que había que ser firme ante el expansionismo ruso. Fillon era tibio ante las sanciones, Le Pen resultaba un cuate de Putin, y Mélenchon quería hacer retoques en el este de Europa. Que corra el champagne en Bruselas, Estrasburgo y Bonn tiene su lógica: el favorito es el más europeísta.

En Gran Bretaña hay sentimientos encontrados. Macron representa un valor conocido, ni estrafalario ni exaltado nacionalista, pero puede que, unido a Alemania, no sea un personaje muy cómodo a la hora de negociar el Brexit. Con él, el divorcio entre  Londres y la Unión Europea podría no resultar un camino de rosas. El francés, según los comentaristas, hará alguna concesión pero será duro en cuestiones de principio. Nada de dejar que los británicos estén en misa y repicando.

Y hay que “chercher la femme”. Ya hemos dicho que a Strauss Khan lo perdió su afición a las mujeres. A Fillon contratar espúreamente a su esposa. A Macron, su cónyuge que le lleva 24 años, otra primicia francesa, lo arropa fielmente en la campaña y hasta ha colocado a sus tres hijos -dos de los cuales son mayores que el candidato- en el  equipo electoral del vencedor.