¿Es tan infumable lo del yerno?

Trump sigue poniendo el cuerpo golfo a nuestros medios de información. Sin embargo, y no me negarán que resulte curioso, a los de Estados Unidos bastante menos.

El caso de su yerno lo prueba. Jared Kushner va a comparecer ante una Comisión del Senado para explicar las conversaciones que tuvo hace meses con representantes del gobierno de Putin. El hecho en sí excita considerablemente a nuestra prensa. El País le dedica tres columnas en el lugar más relevante de su portada y ABC nada menos que dos páginas en el interior. El contraste con los periódicos estadounidenses es patente: el New York Times, que ataca sistemáticamente al Presidente yanqui, lo saca en primera pero en un lugar totalmente secundario y Los Angeles Times, el más importante de la costa oeste, no le da ningún titular. Sorprendente que en el país del sujeto en cuestión, aquel en que, reunidas ciertas circunstancias, la conducta del yerno podría rozar lo delictivo, el suceso tenga una relativa importancia y en el nuestro rebulla más considerablemente. Subrayo lo de relativa porque si uno echa un vistazo a los enunciados de los resúmenes de prensa de veinte de los más destacados diarios americanos el señor Kushner no está en ninguno de ellos.

Los enemigos de Trump, entre los que están nuestros medios, pueden razonablemente argumentar que resulta extraño que el yerno contara hace semanas que, antes de que Trump tomara posesión, el se había reunido con el Embajador ruso y no mencionara que también había charlado con el presidente de un conocido banco moscovita. Si admitió una entrevista, ¿por qué no mencionó la otra? Extraño.

Ahora bien, los pecados del yerno, si es que los hubo, son pecadillos. Algo que en España sería admitido e incluso aplaudido. La legislación estadounidense prohíbe a particulares entrar en negociaciones con cualquier Gobierno extranjero sin autorización del Gobierno. Se piensa que Flynn, el amigo de Trump que no pudo ser nombrando por conducta incorrecta, incurrió en ese pecado cuando se reunió con diplomáticos o gerifaltes rusos el pasado año.

Ahora bien, las reuniones del yerno, las declaradas y las pasadas por alto, tuvieron lugar en el pasado mes de diciembre, es decir, cuando Trump no había tomado posesión pero ya había ganado las elecciones, se sabia que iba a gobernar y que su yerno sería un asesor importante de su Gobierno. ¿Es concebible que el Senado o el poder judicial estire la ley de tal forma que pueda penalizar al yerno por empezar a tener contactos con las autoridades de una gran potencia con vistas a tener relaciones más fluidas? Mr. Jared Kushner tuvo entrevistas con el banquero para ver si invertía en un complejo urbanístico de Trump y con el Embajador ruso para que oír qué concedería Putin si Estados Unidos suavizaba las sanciones que sufre Moscú por su actuación desestabilizadora en Ucrania. O para lo que fuera. ¿Podemos los europeos rasgarnos las vestiduras por esto? Estamos exagerando. Trump es atacable por narcisista, ignorante, patriotero y lenguaraz pero aquí estamos a la que salta. Lo del yerno será allí archivado antes que aquí.

Sobre nuestra pronta acusación de nepotismo por la colocación del yerno y de la hija, aclaremos dos cosas. Una, que no cobran, dos, que Clinton dio a Hillary un papel importantísimo en la Casa Blanca para hacer la reforma sanitaria y nadie movió una ceja. Se consideró, un Presidente progre, que era normal. Con el de derechas nos apetece más disparar. Cuando hay motivos, que los hay, y cuando no existen también.