Cumpleaños mustio de la Unión

El sábado se cumplen 60 años del nacimiento en Roma de la Unión Europea. No hubo enormes expectativas en la opinión pública de las seis naciones que la crearon, si existió en varios de sus dirigentes, ni es visible ahora entre las veintiocho que la integran. En aquella ocasión por ignorancia de las posibilidades que ofrecía el sueño europeo. En nuestros días por el escepticismo, las dudas y las divisiones que recorren los países miembros.

En 1957, Gran Bretaña no quiso unirse a los seis fundadores, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, (el Financial Times relegaba a páginas interiores, en un pequeño espacio, la noticia de la firma del Tratado de Roma) y España, por no ser una democracia, se vio excluida como había ocurrido con la OTAN y el Plan Marshall. El belga Spaak, uno de los verdaderos padres de la criatura, diría en Roma que, en esa ocasión, " los occidentales había sido audaces y no habían actuado tarde. El recuerdo de sus errores les había dado la valentía para superar viejas querellas". Efectivamente, todos los signatarios eran perdedores de la segunda guerra mundial o habían sido ocupados durante la contienda, pero el Tratado era un portentoso, para la época, acto de reconciliación entre Alemania y Francia.

Europa siguió creciendo. A Londres le dio calabazas años más tarde el orgulloso de Gaulle convencido de que, entre Europa y Estados Unidos, Gran Bretaña escogería a Estados Unidos. Finalmente los británicos ingresaron. En 1986 lo hicieron España y Portugal. Actualmente son 28 los países integrantes que quedarán en 27 con la espantada del Brexit, es decir con la salida de Gran Bretaña. La Unión estos años se reforzó institucionalmente, creación del Parlamento en 1979, Tratado de Maastricht, Lisboa, etc...

El momento actual, con todo, no es optimista. Lo fácil es decir que Trump es el enemigo público número 1 de Europa o que la Unión puede estallar por el efecto contagio en algunos países de la salida de Londres. Son razones baratas para explicar el escepticismo reinante. En Polonia y algún otro país las reticencias hacia la Unión son manifiestas pero la opinión pública es muy consciente de que, a pesar de todo, le aporta muchos más beneficios que rémoras. Por otra parte, la crisis de la Unión es muy anterior a la emergencia de Trump y sus ambiguas declaraciones. Antes de la llegada del estrafalario Presidente yanqui el papel de Europa como gran potencia al que aspirábamos los comentaristas europeos se había difuminado por completo.

La Unión, con todos sus méritos, se ha hecho a pasitos. En estos momentos, las divisiones en su seno son llamativas y, sobre todo, en temas esenciales: la emigración, la profundización en la construcción europea, ¿se va más rápido o hay que frenar?, la respuesta a la actitud desestabilizadora de Rusia, deseosa, ella sí, de cuestionar los valores occidentales y de debilitar a la OTAN....El nacionalismo y las posturas anti- Unión han crecido en Europa. Es un consuelo que tanto la Merkel como Macron, posible nuevo Presidente francés en mayo, sigan cantando las excelencias del edificio Europa pero nuestros dirigentes tienen que cambiar la indumentaria de la señora europea que, según Timothy Garton Ash, está desmadejada y para bastantes no huele bien. El primer desafío es, como apuntamos, si seguimos avanzando todos al mismo ritmo o hay un puñado de países, entre los que estaría España, que pasan a una Champions de pista más rápida mientras otros van a un ritmo diferente. Cualquier opción puede levantar ampollas.