Trump, un filón mediático

El estrafalario Presidente de los Estados Unidos es un regalo del cielo para los medios de información. No sólo para los de su país. En nuestros pagos, da un enorme juego. La foto de su consejera subida de rodillas a un sofá del despacho oval haciendo una foto histórica al Presidente rodeado de rectores de universidades de gente negra tuvo algunos comentarios en Estados Unidos por lo dudosamente elegante de la postura. Sin mayores rasgamientos de vestiduras. Aquí, sin embargo, fue un clamor. Parecía que la incorrección era blasfema, daba la impresión de que la señora se había bajado las bragas en público y estaba haciendo pipí delante de los académicos en un lugar tan sagrado como el despacho oval.

Ahora estamos ante una cuestión bastante más seria. Trump cabalga de nuevo y ha dado a luz un decreto que cancela el que dictó en enero sobre prohibición de la entrada en Estados Unidos a los nacionales de diversos países. El primero fue enervado por la acción de un juez de Seattle refrendada por el Tribunal de Apelación.
La nueva normal suaviza la prohibición en diversos aspectos: desaparece Irak de la lista de países afectados por la prohibición temporal de entrada, no hay una suspensión indefinida para los sirios y pueden seguir entrando sin problemas las personas que tienen permiso de residencia en Estados Unidos. Con el primer decreto se produjeron situaciones estúpidamente injustas, estudiantes, tenderos, músicos, que llevaban años viviendo legalmente en el país y que por ser nacionales de los países afectados no podían regresar a Estados Unidos si se encontraban en ese momento de viaje por el extranjero. La norma asimismo no concede prioridad en los visados a las personas de religión cristiana. Aplaza diez días su entrada en vigor previendo que pueda salir de nuevo un juez que la considere arbitraria o en desacuerdo con la constitución del país.

Los asesores de Trump parecen haber hilado más fino a la hora de redactar el decreto. Puede que el tema acabe en el Supremo; el texto, con todo, tiene menos fisuras legales. La argumentación central de Trump es la de que está actuando para proteger a Estados Unidos, para evitar un nuevo 11 de Septiembre. Añade que hay 300 refugiados que están siendo examinados por el FBI por si tienen antecedentes terroristas. Su base legal es una ley de 1952 que establece que cuando el Presidente llegue a la conclusión de que la entrada de determinados ciudadanos extranjeros es perjudicial para Estados Unidos podrá prohibirla. Los detractores de Trump alegan que la ley fue reformada en el sentido de que no puede haber discriminación por sexo, raza o país de nacimiento. Los jueces no cuestionan, pues, las competencias del Presidente, sino la forma indiscriminada como las quiso ejercer con la norma anterior. También, que no ha aportado pruebas palpables de la amenaza terrorista que aduce la Casa Blanca.

El sacar a Irak de la lista de prohibidos es una medida pedida con insistencia por los Departamentos de Defensa y de Exteriores. Iraquíes que se han jugado la vida como intérpretes, conductores, vigilantes..., con las fuerzas americanas en Irak, y en momentos que éstas aumentan su presencia para derrocar a los terroristas del Isis, no podían entrar en Estados Unidos donde querrían rehacer su vida porque el decreto los excluía. Como decía uno de esos intérpretes: “vinieron al país, se marcharon cuando no tenían que marcharse dejándonos inermes ante el Isis y ahora nos prohibían la entrada a los que aquí éramos blanco predilecto de los terroristas”.

Presumiblemente hay ya decenas de jueces y asociaciones afilando las plumas legales para denunciar la nueva disposición de Trump. Correrá más tinta en los medios