La flor de Zidane y los árbitros

Zidane

Vaya por delante que yo no habría decretado falta en el controvertido penalti achacado a Bruno. Añadiré que la primera hora del Real Madrid en el estadio levantino fue auténticamente penosa, que el Villareal no mereció perder, etc...

Ahora bien, empieza a repatearme que surja de nuevo la tesis de que los colegiados favorecen estudiadamente al Madrid. La afirmación es tan cierta como la contraria: ¿no estaba fuera de juego el jugador de color que hizo el gol para el Villareal? Nadie se rasga las vestiduras porque el árbitro se equivocara en esa ocasión perjudicando al equipo de la capital.

Más pueril es que una persona inteligente como el Presidente del Villareal deslizara insinuaciones conspiratorias porque los árbitros salieran del estadio con una bolsa del Real Madrid. El amigo Roig estaba en la inopia. No sólo es práctica de la mayor parte de los clubes regalar chucherías a los árbitros sino que no hace falta ser Sherlock Holmes para deducir que si una entidad deportiva quiere sobornar a un colegiado no le lleva los billetes al vestuario en una bolsa con el escudo del que soborna. Tendría que encontrar -si es que existen, que no lo creo- otros procedimientos más discretos.

Mientras tanto, el barcelonista Piqué, en su presumible estrategia de hacer méritos para, en su momento, llegar a la Presidencia del Barcelona, continúa haciendo cálculos interesados y rupestres sobre cómo los árbitros favorecen al Madrid y perjudican al Barcelona. Un hincha madridista podría hacer idénticas conjeturas en sentido contrario, pero Piqué es muy conocedor de que una masa importante de los seguidores catalanes del Barça están dispuestos a creer que desde los Reyes godos y la Revolución francesa hay un plan perverso de Madrid para jorobar al club catalán. “España nos roba, asfixia nuestra cultura, pita contra el Barça” etc, etc… No cabe mayor simpleza en el año 2017.

Paralelamente, Zidane sigue con una flor superior incluso a la de Miguel Muñoz. El Madrid persiste, tarde tras tarde, en realizar partidos mediocres, pobretones. Esa es la tónica casi constante y, sin embargo, continúa ganando. No es exagerado decir que el equipo del Bernabéu habrá jugado con brillantez, a lo sumo, tres encuentros a lo largo de toda la temporada. Los resultados son un espejismo prolongado y a este ritmo en algún momento llegará el batacazo. Lo raro es que hayan llegado pocos hasta la fecha porque en la mayoría de las jornadas el equipo está al borde del abismo. Entre los misterios insondables está el del centro del campo. Cuenta el equipo blanco con tres futbolistas en esa posición, Modric, Casemiro y Kroos, que para sí quisieran muchos conjuntos punteros del mundo. Sin embargo, es cada vez más normal que sea el adversario, bueno, regular o flojo, el que se adueñe durante una hora de ese espacio. Borrando a los blancos. Podríamos seguir. No sé aún si el genial futbolista Zidane es un gran o vulgar entrenador. Lo que sí es cierto es que tiene un hada madrina poderosa.

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