Rajoy, Trump y el muro

muro Trump

No creo que trascienda el contenido de la conversación telefónica de la noche del martes entre nuestro jefe de Gobierno y Trump. No tocarán demasiados temas porque veinte minutos con inevitable traducción no darán para mucho.

Presumiblemente, Trump tratará de decirle que su país no va a salir corriendo de Europa, que se exagera cuando el dice que la OTAN está obsoleta y que sólo quiere que los europeos no sigan haciéndose los estrechos en los gastos de defensa. El americano estará conciliador, ya le habrán dicho que Europa se ha alzado contra él y sus generales le habrán hablado de la importancia de Rota y de España como plataforma contra el islamismo.

De su lado, Rajoy puede sacarle varios temas. Desde los peligros de una guerra comercial hasta el reforzamiento de la lucha contra el terrorismo. Es posible que deslice algo en defensa de los mejicanos, de la conveniencia de no herir su sensibilidad y no fragilizar su economía. Si estuviera en lugar de Rajoy yo lo haría. Méjico es un país que nos importa sentimentalmente y allí, además, tenemos buenas inversiones.

Ahora bien, yo no haría la menor crítica del muro que Trump, que con considerable costo, piensa concluir. Puede ser contraproducente por tres razones; el americano, que tiene pocos pelos en la lengua, le puede dar un corte con cualquiera de los siguientes argumentos:

a) ¿Por qué usted no protestó ni criticó a Clinton cuando levantó más de mil kilómetros de muro?

b) ¿Cómo es posible que Méjico se queje del muro y de que voy a expulsar a emigrantes ilegales cuando el propio Méjico ha expulsado recientemente de su territorio más que mi predecesor en Estados Unidos?

Y el más mortífero, contra el que no hay defensa,

c) ¿Cómo se atreve a criticar mi muro cuando tiene usted dos muy altos en esas dos ciudades españolas del norte de África, cómo se llaman…?

Rajoy responde cabizbajo: “Ceuta y Melilla”. Y Trump concluye: “Eso, Cebta y Melila. Repito, ya en la intimidad: ¿Cómo te atreves, colega?”

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